Leo en 20minutos:
Los reprendió por tirar naranjas a su ventana. Los padres le dieron una paliza que acabó con su vida unos días después.
Creo que esto se merece unos de esos cursos acelerados de ética periodística, porque no creo que se pueda encontrar en ningún sitio algo tan parcial.
Vamos con los errores que cometió el señor de 53 años:
1.- La gente de cierta edad nunca debe reñir a los niños. En estos tiempos que corren, cuando todo va tan rápido, es necesario saber que cuando unos niños tiran naranjas a una ventana saben perfectamente lo que hacen. Lo habrán aprendido de los Lunnys, y lo que diga Lulila, Lupina, y sus entrañables amigos va a misa.
2.- El señor tiene la culpa por dos razones. La primera es por tener casa, y la segunda, por tener ventana, está claro. Lo más probable es que los niños llevaran años lanzando naranjas hacia esas precisas coordenadas del espacio. ¿Por qué coño tuvo que poner el señor su puta casa y su puta ventana en el lugar donde los niños, generación tras generación, tiran naranjas?
Seguimos con el titular:
Los padres le dieron una paliza que acabó con su vida unos dias después.
Demasiado eufemismo.¿Acaso quien ha escrito el articulo tiene idea de si murió por causas naturales?. Algo así quedaría mejor:
Los reprendió por haber construido su casa en mal sitio. Los padres le dieron una merecidisima paliza. No hay circunstancias concluyentes que indiquen a la paliza como causa de muerte, que probablemente fué natural.
A pesar de todo hay que ser más diplomático, y tratar de ver el caso desde las dos partes. Con un poco de chapa y pintura el titular quedaría asi:
Los reprendió por el hecho de que su casa coincidía con las coordenadas geográficas de unos naranjazos. Los padres le dieron una paliza. La muerte probablemente fué natural, aunque ciertos indicios apuntan a que su causa fué la paliza.
Hasta aquí el curso de ética periodística de hoy.
Excelente análisis, amiguito, pero a continuación yo pasaría de lo descriptivo a lo normativo, es decir: qué hay que hacer en estos casos para evitar tan triste desenlace.
Esta claro que si unos niños lanzan cítricos contra tu ventana, no se les puede reprender: podrían volver a casa de sus padres, explicarlo y que luego los padres te masacren. Ni siquiera es suficiente con calentarles el cuerpo a porrazos; incluso malheridos, los rapaces emplearían su último aliento en regresar al hogar y de nuevo los padres, enfurecidos, se tomarían la venganza.
Está claro que sólo hay una solución: matar a los niños antes de que ellos o su familia te maten a ti. Al primer naranjazo, ¡pam! un balazo y muerto el perro, o en este caso el niño, muerta la rabia, o en este caso el naranjazo.
Sé que es una solución que suena radical, ya que en efecto evitamos el desenlace anterior (muerte del señor de 53 años) pero ahora tenemos no uno sino dos cadáveres. Pero yo no he hecho sino abrir una vía susceptible de grandes mejoras que otros estudiosos aportarán con el paso de los años: la eliminación de las ventanas o de los naranjos o de los padres, por ejemplo, o la prohibición de que los señores de 53 años tengan casa. Las posibilidades son infinitas.
Saludos camarada Zep McZep del clan de los McZep.
Os voy a contar un cuento para dormir psicólogos conductistas:
Hace mucho tiempo, en un país muy lejano, había un tendero judío que tenía una tiendecita en Alemania. Su país pasaba una mala racha y lo más sencillo era echarle la culpa al de al lado, es decir, a los judíos como él. Con los ánimos de la gente muy calentitos los niños vieron su oportunidad y entrenaron muy duro para ser unos buenos bándalos como querían sus papis. Así que el hombre (casi podría decir el viejo, pues sus años tenía) se encontró un día con tres chavales que tiraban piedras a las ventanas de su tiendecita, rompiendo los cristalitos (el cuento es para partirse el culo de risa...). Él no podía hacer nada contra los niños, ya que no eran judíos siquiera, de modo que optó por dejarse llevar por el instinto, y al segundo día que vinieron a romper sus ventanas salío de la tienda y... les pagó. Sí, les dijo que les daría 1 una moneda a cada uno cada vez que le rompieran sus cristales a pedradas. Unos días más tarde de hacer ésto les dijo que a partir de entonces les daría dos monedas. Los chavales encantados con la paga continuaban con sus actividades cada vez que el tendero reparaba la ventana. Diás más tarde el tendero les dio tres monedas a cada uno. Y por fin un día dejó de pagarles. Los chavales le dejaron en paz y jamás volvieron, ni siquiera para comprar algo.
El judío había condicionado la conducta de los chavales a las monedas que les pagaba, de manera que sin monedas, no hay conducta...
¿O es que no hay nada más humillante para un rebelde que el que le pagen por serlo?
#2 Interesante, me la guardo por si algún tengo que darmelas de conocedor de historias con moraleja
lo lei hace mazo,pero pongo el post ahora:
3# idd ,yo tb he pillado lo de 2# apra hacer de papasuici