Hola,
CAPITULO 2 - Wally.
Llevaba trabajando en el examen de cálculo desde hacía 24 horas sin parar. Con dieciocho años, era fácil mantenerse despierto dos o tres días si el esfuerzo lo merecía - es decir - una buena fiesta universitaria, una partida a muerte al póker, o una penetración en el sistema de la facultad para tener las preguntas del examen 2 ó 3 días antes del mismo.
El examen era un hueso. Al igual que en todas las facultades, la mía filtraba el alumnado el primer curso, y el sistema era sencillo : sólo podía pasar un diez por ciento de los matriculados a segundo. Dos de las cuatro preguntas del examen no estaban a mi alcance ni tan siquiera recurriendo a toda la documentación a la que no se me permitía el acceso. Para aprobar las necesitaba a ambas.
Después de tres meses en la facultad, no tenía amigos. La gente que conocía no acababa de convencerme, bien porque eran “blandos” ( no pasarían del primer curso ) o bien porque eran demasiado “rígidos” ( ocho horas de clase, academias y fines de semana enteros estudiando ).
Pero ahora los necesitaba. Debía plantearles los dos problemas que era incapaz de resolver como un ejercicio de práctica. Sólo unos pocos se sorprenderían al encontrar dichos problemas en su examen.
Fué cuando caminaba por uno de los vacíos y largos pasillos de la facultad en dirección a la sala de estudio, donde la gente se reunía para intercambiar “ ideas y razones ”, cuando le vi por primera vez.
Apareció por uno de los recodos y se dirigió hacia mí. Llevaba las rodillas un poco flexionadas y daba pasos cortos pero rápidos. Movía su cabeza frenéticamente hacia todas direcciones en busca de un bedel despistado o de un profesor que pudiese recriminarle algo.
Se paró a cuatro o cinco metros de mí, junto a un tablón de anuncios que había sido desclavado de la pared y apoyado contra ésta. Fijó su mirada en mí durante el tiempo suficiente como para darse cuenta de que yo no era más que un “pardillo” de primer curso, y se agachó.
Yo estaba cada vez más cerca y más picado por la curiosidad, así que enlentecí mi paso y le observé por el rabillo del ojo. Debía tener dos o tres años más que yo. Llevaba una camiseta con el dibujo de un cerdo vomitando algo verde y una frase que decía : Si no te gusta... vomítalo. Una cazadora negra, unos vaqueros y unas zapatillas de deporte completaban su vestimenta. Tenía un largo y descuidado pelo negro que se apartaba de la cara y la frente con gestos rápidos y secos.
Entonces, se apoyó con una mano en el suelo e introdujo la otra por el hueco que había entre el tablón apoyado y la pared. Sacó una botella de whisky de buena calidad y se la matió rápidamente en el hueco interior de la cazadora, y se la cerró de inmediato. Volvió a repetir la operación pero esta vez sacó una bolsa térmica que rápidamente reconocí. Sólo conocía una sustancia que necesitase de esa bolsa para su conservación : skunck. La guardó rápidamente, me despidió con una mirada de silencio, y se marchó dando los mismos pasos cortos y rápidos con los que había aparecido.
En dirección al aula de estudios, pensé que sería muy interesante conocer a ese individuo. Debía de ser un penetrador ( sólo los idiotas consumen skunck para cualquier otra actividad, ya que existen drogas mucho vas baratas especializadas en sexo, música e incluso ciencia ), le gustaba el whisky, y no debía de pensar que a la facultad sólo se venía a adquirir conocimientos. Me gustaba.
Cuando llegué al aula de estudios, volví a la realidad. Al ser horario de clases, el aula estaba medio desierta, pese a ser época de exámenes. Eché una rápida ojeada a los monitores encadenados que escupían como locos horarios de exámenes, tutorías y revisiones. Yo tenía la lista completa dos días después de ser aprobada por el claustro de profesores. Pero eso no daba dinero. A nadie le interesaba saber la fecha de sus exámenes una semana antes o después.
Había un par de grupos de estudiantes enfrascados en sus pizarras láser intentando resolver problemas de cuántica. Ese problema le tendría yo el año siguiente. Encontré a dos alumnos de mi clase. Recé para que me conociesen de vista y me acerqué a ellos.
- Hola, perdonad, ¿ estáis estudiando cálculo ?.
- Yo sí, pero ella no se va a presentar.
El que me contestó era un chico moreno, con la tez clara y pinta de haber acabado de jugar con el sonajero hacía muy poco tiempo. Recordaba que me sorprendió la primera vez que le vi por su apariencia tan joven.
- Oh... bien, entonces, si no os importa, me pongo a estudiar con vosotros.
- Si claro, ponte - dijo ella - Yo no me voy a presentar al examen, pero tengo que sacarlo en la siguiente convocatoria, y aunque Dani diga lo contrario, yo sí estoy estudiando. Por cierto, me llamo Eva.
A la chica nunca la volvería a ver. Un aire de elegancia y presencia denotaba que debía de tener su futuro solucionado debido seguramente a un padre rico.
Me presenté, y al rato estábamos discutiendo sobre algunos de los problemas dados en clase. A la media hora estaba convencido de que esa pareja no podría ayudarme en lo más mínimo con las preguntas del examen. Después de una hora ellos estaban convencidos de que no tenían ninguna posibilidad de aprobar el examen. Mi mirada viajaba por la sala en busca de nuevos compañeros que quisieran incorporarse al grupo, pero seguía sin aparecer nadie.
MI mente seguía dando vueltas a los dos problemas del examen. Dani y Eva estaban enfrascados desde hacía cuarenta minutos en un problema de topología de los que se denominan “de idea feliz”. Sólo tienen una solución, y suele estar muy escondida. Parece un problema sencillo, pero cuando empiezas a resolverlo por los métodos normales, empieza a complicarse y a generar a su vez otros problemas. Sólo utilizando un método especial, se resuelve simplificándose rápidamente. Eva encontró la solución. Por supuesto, el razonamiento que había utilizado era erróneo, pero al basarse en premisas erróneas, consiguió dar con la “idea feliz”.
Me arriesgué. Llevaba demasiado tiempo concentrado en las preguntas y no era capaz de ver con claridad. Necesitaba otros enfoques aunque fuesen erróneos, ya que podrían darme esa pista que era incapaz de ver debido a mi embotamiento.
- Bueno, esto está muy bien - comenté haciendo como si me interesara su “grandioso” descubrimiento - y ahora que estamos calientes, os voy a proponer un “problemilla” que encontré ayer en un libro.
Tardé otra hora en hacerles comprender el enunciado. Empezaban a caerme bien. Dani tenía esa mirada de seguridad en sí mismo que le obligaba a resolver ese problema aunque fuese lo último que hiciese en su vida. Eva había conseguido un triunfo en el problema anterior que todavía seguía saboreando y que no la permitía concentrarse del todo en el del examen.
Empujé un poco más.
- Pues este podría ser perfectamente un problema del examen. Y serían dos puntos y medio muy ricos.
Eva me miró como si comprendiese, pero por supuesto no me creyó. Pero conseguí centrar más su atención ya que había elevado el reto a la categoría de “pregunta de examen”. Y lo volvió a solucionar. Esta vez, una incoherencia en su razonamiento provocó que me lanzase sobre mis folios y me pusiese a escribir como un loco. Razonaba en voz alta y mis compañeros me escuchaban y observaban como a un extranjero que les está contando el último día que pasó pescando.
En media hora tenía refinada la solución e incluso había conseguido que Dani y Eva la entendiesen “más o menos”.
La excitación por haber resuelto uno de los problemas me empujó a mostrarles el otro. Todavía era pronto, y como yo había resuelto el anterior, volvieron a centrarse. Pero esta vez no hubo suerte. Cada vez me costaba más esfuerzo razonar todas las equivocadas ideas de mis nuevos amigos, sentía hambre y sueño. En mi desesperación cogí una de las pizarras láser y dibujé el problema.
Una fila de ecuaciones diferenciales repletas de integrales de distintas dimensiones llenaba la pizarra. Era muy arriesgado mostrar de esa manera una pregunta de un examen que se iba a celebrar al día siguiente, pero sólo me quedaba la esperanza de que alguno de los chicos de cursos superiores se fijara y picado por la curiosidad se acercara a intentar solucionarlo. Pero, ¿ quién se iba a molestar en malgastar su tiempo en un problema de unos “niñatos” de primero ?.
Entonces volvió a aparecer, esta vez con un aire distraído como si estuviera andando por su habitación buscando un libro. Llevaba la cazadora en la mano por lo que supuse que había escondido sus "tesoros" en algún lugar de la facultad o simplemente los habría vendido.
Se sentó en una mesa cerca de nosotros. La mesa disponía de un ajedrez virtual en tres dimensiones. Desde que se habían incorporado los sistemas de redes neuronales las máquinas habían superado a los campeones de este juego con mucha diferencia. Ahora los campeonatos se hacían entre máquinas, y los inventores de la IA ( inteligencia artificial ) de la máquina eran los que se llevaban los premios.
Comenzó a jugar una partida a la vez que se hacía un porro de ártesis. Dejé el mando láser y me senté en una silla de forma que pudiera vigilarle. Mientras se hacía el porro, hizo una apertura de gambito de dama que yo conocía bastante bien. Le pillé observando la pizarra. Se encendió el porro y comenzó a mover las fichas rápidamente de una manera casi automática. Dos caladas más tarde había ganado a la máquina. Con la disculpa de ir al baño pasé por su lado y pude observar que la máquina estaba puesta a un nivel 300 de ELO. Era bueno el condenado.
Al regresar seguía enfrascado en una nueva partida saboreando pausadamente su droga. Pero algo había cambiado. Alguien había escrito en mi pizarra. Y allí estaba. En sólo dos líneas con muy mala ortografía alguien había escrito la solución del problema. La mayoría de los operandos estaban tachados con una flecha que acababa en una palabra : despreciable. Todo aquel maremágnun quedaba reducido a una sencilla ecuación de nivel secundario.
Pulsé el botón de borrado, volví a recordar la solución mentalmente y entonces me dirigí hacia Wally.
Regards(las plantas)
:D
Me encanta pero .... ¿y sus dedos?
También muy bueno, espero el (C3)
esperamos el C3
:happy: el C3
Hola,
La verdad es que estoy disfrutando mucho con esta escritura, pese a las valoraciones que ha tenido
Siento no poder ser más rápido con los capítulos pero es difícil sacar algo de tiempo para escribirlos.
Prometo poner el C3 antes de que acabe el fin de semana.
Espero no aburriros.
Regards(las plantas)
Joder!!! Muxo pa leer no?
elo 300 es poco no? es decir, cierto k no digo mas de 2000 k e slo k tienen los grandes maestros, pero si no me ekivoco 300 tp era tan tan bueno : S
Hola,
#7 Cierto, la verdad es que empiezo y me tengo que controlar para no seguir. Siento mi obsesión pero al ser un blog no me corto
#8 Suici, estas mezclando la actualidad con la época en la que se ubica el relato
. A raíz de los cambios en el ajedrez que comento (las máquinas predominan sobre el hombre) se establece un nuevo nivel de ELO en los jugadores humanos, cuyo rango se ubica entre 100 y 350 (por ejemplo
).
Seguramente el relato todavía no ubica con claridad en qué época se desarrolla, tendrás que leer mas capítulos para saberlo
Regards(las plantas)
9#oki, entendido n_n
#9 Frikyyyyyyyyy,xDD