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El nuevo ser (C22)

Hola,

 

Acostumbrarse a la integración con las otras púricas no le había costado mucho. Realmente, Sejjus no sentía como un ser único, sino que formaba parte de un todo. Ahora su inteligencia se había multiplicado por cinco, y sus conocimientos eran casi ilimitados. Pero seguía siendo él. Todavía le quedaba un hueco, un pequeño cajoncito donde ni siquiera el comité podía acceder. Lo había creado al saber que podía hacerlo, igual que las otras púricas habrían hecho, supuso. En ese espacio podía volver a saborear la sensación de triunfo sin ofender a sus otros 'yo'. En ese lugar podía sentirse realizado el deseo más fuerte de toda su vida. La parte no oculta, la gran inmensidad común, lloraba angustiada por el fracaso. El fracaso de la decisión de un ataque frontal a la nave rXog. La muerte de los más de cinco mil soldados que ni siquiera tuvieron tiempo de rezar. El comité había decidido, y se había equivocado. Antes de poder actuar, las naves habían sido desintegradas. Ni siquiera pudieron acercarse a la nave pequeña para trasladar al mezclado Char.

 

Ahora estaban confundidos, derrotados. El comité no sabía que hacer. Intentar nuevos saltos era un suicidio. Acercarse desde posiciones más alejadas era todavía una locura mayor. Siete segundos. Sólo tuvieron siete segundos para morir. Si una sola nave rXog de menos de trescientos metros tenía esa potencia destructiva, un enfrentamiento con el pueblo rXog sería mortal. Si los rXog quieren destruir a la raza humana, sólo tienen que soplar.

 

La única opción era negociar, suplicar el no enfrentamiento. Pero todos los intentos de dialogar habían fracasado. Ni siquiera habían podido contactar con la nave de los dos mezclados,  que ahora se estaba acoplando a la nave alienígena. Sejjus se unió al comité en la desesperada búsqueda de un motivo coherente que explicara el por qué seguían sobreviviendo. ¿Por qué los rXogs permiten que se acerquen, que los aborden dos mezclados? ¿No son sus enemigos?. La supervivencia de la raza humana podría depender de eso. Era lo único que les quedaba. La única posibilidad.

 

Esto desanimaba demasiado a Sejjus, así que volvió a su rincón, a su cachito oculto de alma.  Y de pronto se asustó. Fue sólo un momento, una décima de segundo incontrolada, pero suficiente para que los otros 'yo' lo notasen. No importaba eso ahora, seguramente asumirían que era un mal funcionamiento del sistema de integración del comité, ocurría a veces. El problema ahora es que no estaba solo. Alguien estaba con él, en la zona más íntima y reservada de su mente, de su espíritu. Alguien había entrado sin ser detenido, sin ser detectado, y se había adueñado de lo único que era suyo, nada más que suyo. Podía echarlo de su rincón, podía destruirlo. Pero entonces el comité también sería dueño de ese trocito de ser, porque necesitaba al comité para expulsar al extraño. Decidió calmarse.  Se enfrentó al ser.

 

- ¿Quién eres? ¿Cómo has podido entrar aquí? - Preguntó después de haber 'insonorizado' al comité sus pensamientos

 

- Soy Juez, soy Dios. Aveh es como me nombran. Yo entro. Yo puedo.

 

- ¿Qué es lo que quieres?

 

- Yo tengo todo. Yo determino. Quiero ver desde el HOMBRE, quiero ver desde ti. A  cambio seréis respetados. A cambio seguiréis siendo.

 

- Tus palabras son oscuras - siguió Sejjus - explícate, por favor.

 

- Mis leyes se cumplen. - explicó Aveh - Mis niños son traviesos. El juego acaba, por que no se cumplen. Yo decido.

 

- ¿Quiénes son tus niños, los humanos,  los rXogs?  - Preguntó Sejjus.

 

- Vigías se nombran. Me entretienen. Me complacen. Ahora juegan aquí, pero no cumplen. El juego termina. Yo decido.

 

- Entonces dime, ¿cómo termina el juego? - Sejjus empezaba a recibir requerimientos de atención por parte del comité. Las siguió ignorando. Ya tendría tiempo de dar respuestas. El nuevo ser respondió.

 

- Humanos y rXogs seguirán siendo. Yo veré desde el hombre, desde ti. Mis niños serán castigados. Mis leyes se cumplen.

 

- Osea, a cambio de nuestra supervivencia, lo único que pides es quedarte aquí, conmigo. ¿nada más? - Sejjus volvió a preguntar.

 

- Yo tengo todo. Quiero ver desde ti, prefiero que tú aceptes para no castigarte. - Aveh respondió.

 

- ¿Y qué ocurre con los miles de humanos muertos a manos de los rXog? - No hubo respuesta. Sejjus no estaba en posición de negociar, pero le daba igual. Necesitaba sentir que al menos había salvado a alguien. Insistió.

 

- ¿Y los humanos mezclados?  ¿Morirán también?  - Tampoco hubo respuesta. - Necesito algo para poder tranquilizar al comité. Si no quieres que ellas sepan de ti, tendrás que darme una opción diferente. Deja que mis humanos regresen, deja que destruyan la nave rXog y sean nuestros héroes. Ellos habrán salvado a la humanidad y tú no serás conocida, y podrás ver desde mí. Por fin, Aveh contestó.

 

- Mis leyes se cumplen. Mis niños serán castigados.  Puedo esperar. Los que no pierdan podrán salvar su mezcla humana o rXog. Pero luego todos serán castigados. Ahora déjame ver desde ti.

 

Sejjus se abrió de nuevo al comité. Ahora eran seis, aunque las otras no lo sabían.  Le habría gustado compartir la noticia. Decirlas que la raza humana estaba a salvo, al menos de momento, mientras Aveh quisiera, mientras Aveh disfrutara de su compañía. Pero debía esperar. Pronto habría una lucha entre Vigías y entonces, la amenaza rXog desaparecería. Daba igual el ganador. El juego estaba roto.

 

Sólo le quedaba un pensamiento de aliento para los humanos que iban a luchar,  posiblemente morir, pensando que la raza humana estaba en peligro. Otra mentira más. Si hubiera podido habría llorado.

 

Regards(las plantas)

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