
1: Motor radial de aviación

2: Regulación elíptica

3: La máquina de coser

4: Movimiento de la Cruz de Malta (segunda manecilla del reloj)

5: Mecanismo del cambio de marchas manual

6: Junta universal de velocidad constante para automoción

7: Sistema de carga de munición de un cañón

8: Motor rotativo (Wankel, no Oberusel o Gnome-Rhône)

9: Motor de 4 cilindros opuestos (creo que es el boxer)


En 1912, el ginecólogo austriaco de fama mundial Dr. Hermann Otto Kloepneckler publicó lo siguiente:
"El mejor motor del mundo es la vagina. Puede ponerse en marcha con un dedo. Se autolubrica. Admite pistones de cualquier tamaño. Y cambia su propio aceite cada cuatro semanas. Es una pena que el sistema de control sea tan jodidamente temperamental"
Hola,
He subido SinrelatoS en formato pdf:
http://literatura.gamersmafia.com/descargas/show/9485
"El nuevo ser", "Los dos poderes" y "Mi hermano" agrupados.
Que los disfrutéis.
Reunidos alrededor de una mesa rectangular de madera vieja y atillada, Astulfo y sus secuaces preparan el robo al furgón blindado de Caja Murcia. Astulfo insiste.
- Vale, repasemos.
- ¿Otra vez? Es ya la quinta macho, estoy hasta las narices ya del puto plan.
Astulfo se acerca a Mariano, ‘el rizos’, lo coje del cuello y lo empuja hasta la pared
- Nos estamos jugando mucho, - le contesta ejerciendo mayor presión sobre el cuello- no quiero que hay un solo fallo, si no quieres repasar de nuevo a lo mejor quieres irte… a un mundo mejor...
- Vaggggleeee.. aggg.. vagggle
Astulfo suelta a rizos y vuelve a la mesa. Los demás callan. Sigue hablando
- Venga, desde el principio. Chorizo está en la esquina desde la 8. El furgón llegará sobre las 8:15, depende del tráfico. Cuando aparezca, Chorizo le hace una seña a Loco y Lunares. Justo cuando tuerza el furgón Loco y Lunares comienzan a cruzar por el paso de cebra.
- Oye – interrumpe Loco – ¿hacemos de parejita? Así como agarrados y eso.
- Tú lo que quieres es meterle mano a la Lunares – replica Chorizo haciendo que los demás se rían. Astulfo contesta.
- Mira, como si quieres que Lunares se te suba a caballito, lo importante es que el furgón se pare para que crucéis. Entonces llegamos Perlas y yo con el Ford Fiesta por detrás y el Notas recula con el camión hasta el paso de cebra.
- Así el furgón queda bloqueado ¿no? – pregunta Chorizo.
- Exacto. Pero ese es el principio. Hay que meter al furgón en el remolque.
- De eso me encargo yo – dice el rizos – Con mi ak-47 no creo que se resistan los ‘jurados’ (guardias jurados que conducen el camión), con lo que cobran no creo que se jueguen la vida, por muy cristal blindado que piensen que llevan, cuando les apunte a la cabeza se van a cagar.
- Ya – replica Perlas con una sonrisa malévola – eso y la dinamita y las bombas de gas que les voy a enseñar yo.
- Vale, el caso es que el furgón entra en el remolque. Chorizo monta en el camión con el Notas, Rulos con nosotros en el Ford Fiesta y Loco y Lunares siguen andando tranquilamente.
- Sí, nos vemos aquí – confirma Lunares.
- Bien, lo demás será cuestión de tiempo. O nos abren o lo abrimos nosotros, tenemos herramientas y tiempo, no habrá problemas.
- El inhibidor de radio funciona ¿no? A ver si la vamos a cagar y tenemos a toda la madera detrás a los cinco minutos. – de nuevo pregunta el rulos
- Esta mañana funcionaba, mañana lo revisas tú y así te quedas tranquilo.
- Vale, vale, era por asegurar todos los detalles coñe.
- Bueno, creo que está todo claro. Ahora id a descansar que mañana hay que madrugar.
Todos se retiran a sus habitaciones, unos pequeños cuchitriles improvisados en la nave abandonada donde habían estado preparando el golpe durante dos semanas.
Astulfo, tumbado, no puede dormir, repasa mentalmente una y otra vez el plan buscando cualquier resquicio que pueda dar al traste con la operación. Apunta un par de cosas en su desvencijada libreta y clava su vista en el techo.
Cuando empieza a sentir sueño, suena el despertador. Empieza el baile.
Llegan a las 7:30 al punto de intersección del furgón. Todos están listos. Hace un poco de frío, normal para Mayo a esas horas.
Chorizo está en la esquina observando el principio de la calle mientras disimula leyendo un periódico matinal. Ronaldo pichichi. Pues que bien.
Entonces ve acercarse el furgón. Tranquilo, la coordinación ha de ser perfecta. Según tuerza el furgón Loco y Lunares deben cruzar para detenerle.
Vaya, el furgón viene realmente rápido. Ya te digo.
Madre mía, ya está en la curva, que no me da tiempo.
Chorizo hace la seña a la pareja.
Empiezan a cruzar.
El furgón cruza el paso de cebra a toda velocidad rozando una pierna de Loco. Sigue su camino.
Mierda.
Era una tarde soleada, al final de Septiembre, una de esas tardes cálidas, plácidas, que invitan a pasear.
Llevaba casado con Mathra seis años. Fruto de ello teníamos tres hijos, las dos gemelas Anha y Mathra de cinco años, y Omini, nuestro hijo de dos años.
Todavía no había encontrado ningún atisbo de poderes en ellos. Gracias a Dios. Éramos una familia normal, vivíamos tranquilamente viendo cómo crecían y disfrutaban nuestros hijos. Periódicamente les espiaba desde mi invisibilidad para intentar detectar comportamientos extraños que revelasen poderes, pero de momento no había nada. Y ojalá no lo hubiese nunca.
Mi esposa desconocía mis poderes, mi inmortalidad. Yo alteraba un poco mi aspecto físico cada cierto tiempo para aparentar envejecer al igual que lo hacía ella. Algún día, ella moriría entre mis brazos y también lo harían mis hijos, mis nietos y toda mi descendencia. Salvo que alguno heredara mi inmortalidad, como yo la heredé de mis padres.
Pensé en aprovechar la tarde, así que invité a Mathra a dar un paseo con los niños y tomarnos un refresco en una terraza a la que íbamos de vez en cuando, era ideal porque los niños tenían un parque al lado y podían corretear mientras nosotros tomábamos tranquilamente nuestros refrigerios.
Al rato estábamos sentados en la terraza. Mathra había traído un libro de casa y lo leía mientras yo enfrentaba mi rostro al sol con la única protección de unas gafas de sol. Cuando eres inmortal las cosas superficiales son profundas y las profundas se vuelven superficiales. La muerte, no importa. Un rayo de sol, hay que apreciarlo, retenerlo, no dejar que se escape, porque puede que un día se acabe. Y ese día yo estaré allí para verlo.
En la inmortalidad hay tiempo. Tanto que no abordas objetivos, sino que buscas estados de vida. Mi objetivo no es cambiar las cosas, seguro que las cosas cambian solas.
Es egoísta, podría luchar para que las cosas fueran mejor, pero ¿por qué no hacerlo para que vayan mejor para mí? ¿Acaso no es eso lo que busca todo el mundo? ¿El que ayuda a los demás no lo hace porque se siente en la obligación de hacerlo, porque así se siente mejor? Pues yo quiero lo mejor para mi familia. Amo profundamente a mi esposa y a mis hijos. Luego, cuando se hayan ido, ayudaré a los otros, tengo tiempo, seguro que eso me hará feliz.
Por eso ahora no lucho. Por eso me escondo de los otros inmortales, algún día tendré que ensuciar mis manos, pelear por la paz, por la vida, por los no poderosos. Pero ahora quiero vivir como un hombre normal, quiero ser parte del mundo normal. Amar, sentir, vivir y ayudar a los efímeros y pequeños seres que hemos concebido Mathra y yo, nuestros hijos.
El sol sigue calentándome agradablemente la cara. Giro la cabeza para buscar a los niños en el parque. Las gemelas y Omini juegan con otros niños sentados en la arena haciendo lo que su imaginación les ofrece. Mi mujer sigue leyendo. Cojo mi refresco.
Y entonces le veo.
A unos treinta metros, parado de pie mirándome fijamente. Lleva la indumentaria clásica de los samuráis. Aquí no hay samuráis, mucho menos samuráis armados con una katana y una wakizashi (espada corta también llamada shōtō).
Dejo el refresco y me acerco a él. Noto que Mathra me sigue con la mirada pero me muevo rápido para evitar sus preguntas, no quiero mentirla mientras no sea necesario. El encuentro con el samurái era inevitable así que mis opciones de ocultar lo que vendría después eran escasas.
Al acercarme el samurái se sienta de rodillas y coloca su katana delante de él. Me está invitando a luchar. A muerte.
Me siento en frente pero cruzo mis piernas en señal de diálogo. Él hace lo propio en señal de aceptar hablar. Hablo yo primero.
- Estoy con mi familia. No es lugar ni momento para luchar.
- Prometí luchar a muerte contigo si te encontraba. Sé que conoces el código samurái. Sé que lo respetarás.
Lo conocía perfectamente. Había pasado mucho tiempo estudiando el modo de vida de los samuráis modernos, así como su lucha, el Iaidō (arte de desenvainar la katana) y el kenjutsu (conjunto de técnicas de sable).
- Sabrás también que puedo matarte antes de que respires. Si entro en modo velocidad no podrás hacer nada para defenderte.
- Sé que conoces el código samurái. Sé que lo respetarás.
- Lo haré, si tú respetas a mi familia. Déjame que hable con mi mujer y ponga a salvo a mis hijos y lucharé contigo bajo el código que respetas.
Volvió a ponerse de rodillas. Recogió su katana y la colocó en su cintura. Cerró los ojos en señal de que me concedía lo que le había pedido.
Volví a la mesa con Mathra. Ella estaba de pie esperándome con expresión de sorpresa.
- ¿Quién es? – preguntó. No quería mentirla.
- Es un asesino contratado para matarme. – su rostro se tornó asustado y tenso.
- ¿Por qué? ¿Qué ocurre? ¿Por qué no llamas a la policía?
- Es complicado. Tengo que luchar con él. Quiero que cojas a los niños y os vayáis a casa.
- ¿Qué? ¿Estás loco? ¡Tiene una espada! Voy a llamar ahora mismo... – según decía eso rebuscaba el teléfono móvil en el bolso. La cogí de las manos.
- Amor mío. Debes confiar en mí. Hay algunas cosas de mi vida que no sabes, que no he querido que supieras para no preocuparte. Siento no haber podido evitar esto, pero necesito que confíes en mí.
- Pero… pero, los niños, si te ocurre algo, o dios mío, pero…
- Tranquila, llama a los niños.
- No, deja a los niños jugando. Yo me quedo aquí.
- Cariño…
- Que no. Si te hiere quiero ayudarte. Llamaré una ambulancia, lo que sea, por favor, no luches. – Sus ojos empezaban a llenarse de lágrimas. Estaba aterrorizada con la idea de ver mi vida en peligro. Si pudiera la diría que soy inmortal, que el asesino tenía muy pocas posibilidades de acabar conmigo, casi nulas. Pero eso sería complicar aún más las cosas.
- Lo siento mi vida, tengo que hacerlo. Por favor, veas lo que veas, no te acerques hasta que todo haya acabado. Cuida de los niños. Te quiero.
La doy la espalda y me acerco al asesino. Vuelvo a sentarme en frente de él. Esta vez de rodillas. Saca de la cintura su katana y la coloca en el suelo, frente a él. Me invita de nuevo a una lucha a muerte.
Primero extraigo de mi muslo, pegada a mi fémur, la hoja de mi shirasaya, y de mi antebrazo la empuñadura. Las fundo creando la katana.
Una shirasaya no está diseñada para ser usada en combate, ya que la ausencia de tsuba o guarda, así como de ito, las tiras trenzadas de algodón, cuero o seda que facilitan el agarre, resultan serios inconvenientes frente a una katana real.
En cualquier otra situación sería una katana poderosa, pero ahora, frente a un samurái, estoy en desventaja. La coloco en el suelo, aceptando el desafío.
Ambos inclinamos la cabeza hasta tocar el suelo, saludando a las espadas y al oponente. Nos ponemos de pie. Él desenvaina su katana y se pone en posición de ataque cerrado. Sujeta la katana con las dos manos apuntando con la punta hacia el suelo de detrás de su izquierda, mostrándome sólo su empuñadura para ocultar su siguiente movimiento.
Yo no desenfundo, prefiero usar técnica de Iaidō (ataque al desenvainar) ya que la shirasaya se desliza muy bien y acelera el corte al salir de la vaina. La coloco en mi cintura a mi lado izquierdo, en la misma postura que él, pero yo sujeto la vaina con mi mano izquierda y la empuñadura con la derecha. Adelanto mi pierna izquierda.
Al ver esto, él cambia su postura inicial. Se coloca con la espada en alto, encima de su cabeza. Su ataque va a ser de arriba abajo, rápido y seco.
Las luchas de katanas son cortas. El primer contacto con el filo del sable implica normalmente un corte tan profundo que acaba con tu vida o te secciona un miembro finalizando la lucha.
Las katanas, se crearon con el filo curvado debido a que con el filo recto, al estar tan afiladas, se quedaban enganchadas en los cuerpos de los enemigos (los ataques normalmente se realizaban desde el caballo). Esta curvatura provocaba que la hoja entrara profundamente pero volviera a salir rápidamente. Se podía matar a tres hombres de tres estocadas antes de que el primero cayera al suelo.
Había dos movimientos posibles, y ninguno de ellos era la defensa.
El ataque y el contraataque. Una katana bien usada podía cambiar de objetivo varias veces en un solo movimiento. Intentar bloquearla era una locura. Hacerlo en más de un ataque era imposible. Había que cortar antes de que te cortaran. Oda Nobunaga, uno de los creadores de las primeras katanas, decía que era un arma para atacar, nunca para defender.
Nuestra lucha también fue corta. Mi atacante pensó que yo no podría realizar una Iajutsu suficientemente rápida (desenvainar la katana asestando a la vez un golpe de barrido de abajo a arriba) ya que al tener la pierna izquierda adelantada tendría que dar un paso para adelantar la derecha. Desenvainar desde la izquierda con la pierna izquierda adelantada es una locura puesto que puedes rebanarte la pierna tú mismo.
Por eso decidió atacar desde arriba. Lanzó su ataque directamente a mi hombro derecho. Sabía que al tener que adelantar la pierna derecha adelantaría también ese hombro para girar la cadera hacia la katana y facilitar el desenvainarla. Así su golpe iría en diagonal y de no alcanzar mi hombro partiría mi cabeza en dos.
Pero yo no hice lo que él esperaba. Incliné mi cuerpo ligeramente hacia la izquierda para que su katana pasara por mi lado derecho. A la vez, lancé mi Iajutsu desde mi pierna izquierda sin moverla. Era arriesgado, pero yo lo había hecho muchas veces practicando kempo. No me alcancé mi pierna.
Pero sí lo alcancé a él.
Le asesté un corte diagonal desde el estómago hasta el cuello. Su mirada mostraba asombro por el movimiento que yo había realizado, no por el hecho de que estaba a punto de morir.
Cayó desplomado. Antes de llegar al suelo había muerto.
Entré en modo velocidad. Todo se detuvo a mí alrededor. Busqué signos de otros inmortales, era posible que no hubiera venido solo. Pero no había más, al menos no a primera vista. Cogí el cuerpo del samurái y lo llevé a una zona profunda del río. Le até un peso y lo lancé al río. Empezó a hundirse lentamente mientras el agua lo iba rodeando. En breve descansaría en el fondo del río y pasaría un tiempo antes de que le encontraran.
Volví con Mathra. Salí del modo velocidad. Ella seguía de pie observando la lucha y de repente habíamos desaparecido y yo estaba a su lado. Se asustó y dio un pequeño grito, el miedo y la sorpresa se agolparon en su garganta.
Le puse un dedo en los labios.
- Tranquila, todo ha pasado. Vámonos a casa.
Hola,
Esta entrada es simplemente para dejar constancia de mi nueva publicación.
He agrupado mis relatos en un solo libro.
http://www.lulu.com/product/tapa-dura/sinrelatos/12798870
He puesto un precio muy elevado para que no lo compre nadie, cualquiera de los relatos se puede leer en mi blog, comprarlo es una locura xD
Pero quería publicarlo. Yo sí me lo he comprado, puede que algún día mis nietos disfruten leyéndolo.
Regards(las plantas)
Hola,
No he podido pegar ojo, demasiados nervios. Llevo toda la semana en tensión esperando el día. Mi futuro y el de mi familia dependen de lo que pase hoy.
Me ducho rápido, hoy no pongo mi nuca debajo del chorro de agua para sentir como masajea mis vértebras, no hay tiempo. Intento desayunar pero sólo consigo beberme el café. Me siento tentada de tomarme un tranquilizante, pero sé que a la larga será perjudicial, necesito mis reflejos a tope o no pasaré la prueba.
Muy pocas mujeres la pasan a la primera y yo tengo que ser una de ellas. He invertido demasiado tiempo y dinero en simuladores, sólo tengo una oportunidad.
El centro de admisión es un lugar frío, predomina el color blanco, blanco ensuciado por el humo de los vehículos. Siento que me invade un desasosiego que me empuja a abandonar. No puedo hacerlo.
Es mi turno. Al situarme en el vehículo, me sujeto fuertemente con la correa de sujeción. Me tranquiliza saber que mi supervisor está a mi lado preparado para corregir cualquier maniobra que ponga en peligro la nave o a los ocupantes.
Un individuo vestido de negro se sitúa justo detrás de mí, será el que evalúe mi comportamiento.
Verifico todos los parámetros del protocolo de arranque. Mis manos sudan demasiado, tengo miedo de pulsar un botón equivocado. Me las seco con la falda y activo el sistema de inyección.
Comenzamos a desplazarnos. Intento que las maniobras sean suaves y controladas, pero mis piernas y mis brazos no paran de temblar. Mi supervisor me mira de reojo y hace una mueca de insatisfacción. Algo no va bien… ¡Algo no va bien!
Y no sé qué es.
Lo veo tarde. He acelerado demasiado y el horizonte rasante me había ocultado un giro brusco. Activo los sistemas de compensación, cambio el rumbo de la nave bruscamente para entrar en el peralte por la parte externa. Sentimos la fuerza de la gravedad al girar, ha sido algo brusco pero he conseguido mantener el rumbo sin error.
Consigo que la parte que falta de recorrido se suceda sin más sobresaltos. Me siento cada vez más segura de mí misma. Hasta me siento cómoda pilotando.
El individuo de negro me indica que regrese. Ha terminado la prueba.
O eso creía yo.
Salimos del vehículo, el individuo me mira y me pregunta:
- ¿Qué debe de hacer cuando una relación se le queda larga?
Me ha pillado de improviso. Pero reacciono.
- Reducir a una relación más corta.
- Pues usted no lo ha hecho – me reprocha. Pero no puedo permitir que algo así me estropee la prueba. No tengo más remedio que dejar a mi arrogancia actuar.
- No lo he hecho debido al par de motor. Al tener mucha compresión a bajas revoluciones no es necesario elevar el consumo con una relación más corta.
No contestó. Apuntó algo en su negra libreta y se despidió con un gruñido medio educado. Miré a mi supervisor y conseguí ver una sonrisa justo antes de que la cambiara por el típico gesto inexpresivo que no te dice nada, que te deja vacía sin esperanza porque no lo has hecho bien, ni tampoco mal.
Es horrible que tengas que irte sin saber tu resultado. Pasaron tres días antes de recibir esto:

Regards(las plantas)
Hola,
Hoy escribo una nueva entrada en mi blog para dedicársela a ellas, a todas ellas, todas las que, de alguna manera u otra han contribuido para que, hace tan sólo unos minutos, haya regresado de urgencias.
Podéis imaginar que lo que viene a continuación no va a ser gracioso ni en la línea de la mayoría de mis entradas, hoy no escribo para entretener o tan siquiera intentar que mis lectores esbocen una sonrisa. Escribo para desahogarme y para rendir tributo a ellas, a todas ellas.
Para entender bien mi relato, primero os tengo que explicar dónde vivo. Al casarme y tener dos preciosas hijas, mi mujer y yo decidimos irnos del centro de Madrid y comprar una casita con jardín lejos de la vorágine de la ciudad y de sus escandalosos precios.
La casita, también llamada ‘adosado’, se diferencia de un piso en que está dividido a lo alto en vez de a lo ancho, y sobre todo, porque tienes jardín (ya, los áticos también).
Sería algo como esto:

Podéis observar la hilera de adosados que tienen un pequeño jardín por la parte trasera, algunos con piscina, otros no. El mío, podría ser perfectamente como el que he marcado como 1 (obviamente no es el real, pero se asemeja mucho). Como veis un pequeño jardín, rodeado por piscinas ( 2 y 3 ).
Bien, una vez ubicado, paso a relatar lo acontecido.
Ella, la esposa de mi vecino de enfrente (3), un día decide que no necesita a su marido más, así que se separa de él. Un chaval quince años más joven reemplaza a su esposo, hostelero que ha dedicado dieciocho horas al día a su trabajo durante muchos años para dar a su mujer e hijos todas las comodidades posibles.
Ahora, se ha quedado solo.
Esto ha provocado que su jardín haya quedado totalmente descuidado. Su piscina, vacía, soporta aguas estancadas que generan un olor desagradable hasta que se evaporan. Toda la maleza y enredaderas que invaden mi jardín debo podarlas periódicamente para que no devoren el poco espacio que tengo. Llevo mucho tiempo intentando hablar con él, pero pasa poco por su casa (las malas lenguas dicen que duerme en su restaurante). La opción sería denunciarle, pero me cuesta hacerlo, me parece algo excesivo.
Hace unas pocas semanas, ella, mi vecina de al lado (2), decide que su muro es feo (¿quién en su sano juicio opina sobre la belleza de un puto muro de separación, que además está tapado por una preciosa enredadera?... quién va a ser… ellas).
Así que, quita toda la enredadera y levanta un nuevo muro, medio metro más alto que el anterior. Pues vale, ella misma.
Pero claro, al ser más alto, por nuestro lado queda una parte de muro visto con ladrillos y trozos de cemento que, lógicamente mi mujer (incluso yo) vemos inaceptable para la estética de nuestro jardín.
Así que, viajecito al Leroy Merlín y compra de unos palitos de esos que tapan la reja y por ende los feos ladrillos del vecino muro.
Y entonces, se desata lo inevitable.
La piscina de mi vecino ha generado un mini ecosistema ideal para la incubación de mosquitos, concretamente del mosquito tigre.
Yo, sabiéndolo de otros años, me embadurno de pies a calva de anti mosquitos y comienzo la ardua tarea de sujetar las varillas de madera a la reja.
Pero ellas, las mosquitas, o el mosquito hembra, llámala como quieras… ellas, son insaciables y una ducha de aután no las detiene.
Una picadura, sólo una.
En la palma de la mano, cerca de la muñeca, debajo del dedo pulgar. Cuando me pica, pienso que me he clavado el fino alambre que estoy utilizando para sujetar los troncos. Pero el alambre no lo tengo cerca. Un pequeño punto rojo y un escozor, nada más necesitan ellas para decirte que te han succionado parte de ti y a cambio te han dejado su veneno.
Quizá alguno de vosotros haya tenido alguna experiencia con mosquitas tigre. Los que no la hayan tenido pueden navegar un poco para ver cuál es su potencial. Yo os cuento la mía concreta con... ellas.

Pensando, craso error, que era una mosquita de las normales, no le di importancia. Terminé de sujetar los troncos a la reja y seguí normalmente con mi vida.
Por la noche me desperté a las dos horas de dormirme. Estaba tiritando con todo mi cuerpo, señal indiscutible (en verano) de que me estaba subiendo la fiebre rápidamente. El termómetro me lo confirmó con un valor de treinta y ocho grados. ‘Vaya, esto va a ser por el aire acondicionado, seguro que he cogido frío’. Después de tomarme un paracetamol regresé a la cama y el sueño me venció.
A las cinco de la madrugada volví a despertarme. Esta vez un punzante dolor en antebrazo fue el motivo.
Me palpé el brazo, moví mi mano y sentí algo distinto. Encendí la luz y me observé.
Tenía la mano totalmente hinchada. Tan hinchada que no podía cerrar mi puño, casi no podía girar la muñeca. Era como si me hubieran soplado por un dedo como si mi mano fuera un guante inflado. La inflamación continuaba por el brazo hasta pasado el codo. La diferencia de grosor entre ambos brazos me recordó a los brazos de Nadal.
No tengo fotos del evento, pero si queréis haceros una idea visitad este enlace:
http://www.moskitotigre.com/descripcion_herida.htm
Era obvio que estaba sufriendo una reacción (luego descubrí que era ‘normal’) al picotazo de ella, así que temiendo que la cosa fuera a más, a urgencias.
Urbasón (anti estamínico) en vena, antibiótico durante una semana y pomadas con corticoides es el resultado del diagnóstico médico.
Es una picadura curiosa. La mayoría del tiempo no pica, duele. Duele toda la parte inflamada como si tuvieras un cardenal. Cuando pica, te pica hasta en las muelas. Es insoportable.
La picadura en sí, antes casi invisible, ahora ha engordado como un pequeño grano y supura un líquido parecido al pus, pegajoso y de olor desagradable. Alrededor el ronchón rojo que delimita el campo de efecto de la picadura. Inmenso.
Pocas han conseguido dejarme un profundo recuerdo, ésta sin duda ha sido una de ellas.
Regards(las plantas)
Given y su hermano Saturate aparcaron el girobike en la parte trasera del banco.
Habían estado preparando el golpe durante dos semanas. Era complicado, pero no imposible. Sus poderes los daba una ventaja sobre los sistemas de protección del banco. Given podía controlar todo el entorno gracias a su poder de velocidad. Los guardias de seguridad y las alarmas no eran problema para él. Saturate era el encargado de eliminar las barreras físicas, como la pesada puerta de la cámara de las cajas blindadas.
Había llegado el momento.
Nada más pasar la puerta del banco, Given activó su poder. Su velocidad de movimiento se acercaba a la velocidad de la luz. Esto hacía que todo se detuviera, realmente no era así, todo seguía en movimiento, pero relativo a la velocidad de Given daba esa impresión.
Desarmó a los dos guardias y los sentó en dos de las sillas de espera. Los ató de pies y manos. Entró en la zona de las cajeras. Hizo lo mismo con las tres cajeras que daban servicio al público.
Ya sólo quedaba el despacho del director. En ese momento estaba hablando con un cliente. Cogió a ambos y los puso en la zona central. Rebuscó en los bolsillos del director hasta dar con una tarjeta de acceso.
Cuando todas las personas que había en el banco estaban bien atadas, pasó a la zona de vigilancia. Un ordenador daba servicio a la grabación de las cuatro cámaras de seguridad del banco. Como no había habido ninguna alarma, el ordenador estaba en perfecto funcionamiento. Given tuvo que forzar el equipo para extraer el disco donde se estaban almacenando los vídeos. Tiró del cable de corriente para que no siguiera funcionando.
Salió del modo velocidad. Era el turno de Saturate. Su hermano observó a todo el mundo atado en las sillas de la zona central, afirmó con la cabeza mirando a Given y ambos se dirigieron al ascensor. Entraron y Given pulsó el segundo sótano. El lector de tarjetas parpadeó pidiendo verificación. Given introdujo la tarjeta del director y la puerta del ascensor empezó a cerrarse confirmando el acceso al sótano donde estaba ubicada la cámara blindada.
Estaban frente a la cámara. Una enorme puerta de acero de un metro de espesor les separaba de las cajas fuertes. El modo de apertura era remoto. No había abrazadera ni hendidura en la puerta. Lisa y blindada, tan sólo se abría una vez al día y era totalmente impredecible el momento de la apertura, precisamente para evitar que se pudiera planificar un robo en el momento de estar abierta.
Saturate se colocó en el centro de la puerta. Abrió sus brazos como si fuera a abrazar la puerta y colocó sus manos sobre la puerta. Empezó a clavar sus dedos en el acero. Poco a poco su fuerza extrema fue hundiendo sus dedos hasta que tuvo ambas manos fundidas con el acero.
Entonces comenzó a tirar hacia él. La puerta empezó a ceder y abombarse hacia Saturate. Los goznes chirriaban al rozar el acero del marco. La puerta acabó desprendiéndose del marco. Varias toneladas sujetas en vilo por Saturate. Giró sobre sí mismo y dejó caer la puerta hacia un lado. El estruendo hizo vibrar toda la habitación.
Entraron dentro de la cámara.
- - Te toca – dijo Saturate mirando a Given.
Given sacó una bolsa y entró en el modo velocidad. Para robar las cajas lo antes posible lo mejor era detener el tiempo.
Comenzó a abrir las cajas. Al estar protegidas por la puerta blindada las cajas tenían una seguridad mínima, una pequeña cerradura que se saltaba forzándola con una simple palanca.
Ya tenía vacías casi todas las cajas. Pero Given notó que algo no iba bien.
Se giró y vio a un hombre en la entrada de la cámara. Era imposible que ese hombre hubiera llegado hasta allí. El ascensor no se había movido y no había nadie en el sótano. Ni siquiera teniendo el poder de la velocidad podría haber llegado allí. En el modo velocidad el sonido tarda mucho en desplazarse así que Given movió los labios esperando que el hombre supiera leerlos, como la mayoría de aquellos que poseen el poder de la velocidad.
- - ¿Quién demonios eres? ¿Cómo has llegado hasta aquí?
- - Sal del modo velocidad, se acabó, estáis detenidos.
Given empezó a pensar que iba a haber problemas. Buscó su navaja en el bolsillo mientras seguía preguntando
- - Pero qué dices, tú no eres policía, ¿qué demonios quieres?
Mientras dijo eso, Given se lanzó hacia el hombre mientras sacaba su navaja abierta. Pero antes de llegar, el hombre desapareció.
De repente, estaba atado y sentado en una silla. El hombre apareció a su lado.
- - No puede ser, has entrado en un modo velocidad tan rápido que ni te he visto. Es increíble. ¿Quién narices eres?
- - Me llamo Omini. Y ahora sal del modo velocidad o te sacaré yo a patadas.
Cuando salió, se encontró junto a su hermano rodeado de policías.
Maldito Omini.
Hola,
Cuando veo ésto:
http://xbox360.gamersmafia.com/noticias/show/36546
No puedo más que elevar mi protesta ante tamaña patraña.
Señores, estamos ante un claro y escandaloso PLAGIO.
Si pierden un segundo, pueden observar con claridad los obvios parecidos con ésta imagen:

En fin, otra nueva injusticia.
Regards(las plantas)
Hola,
Nuestra historia comienza en Tetooine, un planeta en el que vive Obiwalker, un jóven Jedi cuyo pasatiempo es vagar por las dunas del árido desierto de dicho planeta...

De pronto es interrumpido por una llamada de auxilio de su novia, la princesa Obijelia
Obiwalker regresa a casa y ofrece ayuda a su amada


Obiwalker saca a orinar a 'la bicha' y va a la tienda a por los caracoles. El calor es muy intenso así que decide que una cervecita para saciar la sed tampoco es nada malo.

Pasa el tiempo, una cervecita lleva a otra, a otra y a otra y de pronto se da cuenta, además de tener unas ganas de mear tremendas, de que ¡han pasado cuatro horas!

De vuelta a casa, se da cuenta de que su novia se va a enfadar por haber tardado tanto en llevarle los caracoles, así que, usando 'la fuerza', planea una disculpa perfecta.
Cuando llega a casa ,Obiwalker esparce los caracoles por el suelo, y cuando su novia sale a su encuentro...

Entonces, Obiwalker con voz rotunda dice:

Regards(las plantas)
Hola,
Yo me considero una persona relativamente seria. En la intimidad soy distendido (no de los que hacen bromas pesadas, de los que dicen chorradas de vez en cuando), pero en público o con desconocidos suelo ser ‘recatado’ y formal.
El caso es que estando en el hotel, me ocurrió algo ‘fuera de lo normal’ que quiero compartir con vosotros.
Como cada noche, después de la cena mi mujer y un servidor nos sentamos cerca del escenario para poder controlar a nuestras hijas mientras bailaban en la mini-disco. La mini-disco es simplemente una serie de canciones de niños (soy una taza, una tetera…) que presentan ‘jocosamente’ los animadores del hotel. En este caso eran dos animadoras, las mismas que cuidaban de los niños en los mini-juegos (mi daiquiri… :/ )
Bien, pues acaba la mini-disco y empieza la parte de animación para adultos… hoy presentamos... ‘ALLA TÚ’
Baja una de las animadoras y empieza a repartir unos sobres, cada uno con un número. Nos da uno (recuerdo que era el número cinco, por la rima) y continúa repartiendo hasta veinte sobres.
Da a elegir a los niños cinco números y voilá, en quinto lugar dicen ‘el cinco’.
- Venga, que suban los agraciados.
Yo le digo a mi mujer que suba ella, y al ver su mirada de respuesta me levanto y subo al escenario.
La animadora empieza a preguntar nombre y lugar de procedencia a los otros cuatro, y yo empiezo a pensar que porqué narices tengo que decirles quién soy. Me toca.
- ¿Y tú cómo te llamas y de dónde eres?
Entonces pongo acento de ruso y contesto:
- Yo llamo Vladimir y venga de Transilvania, Románia.
- ¿perdona?
- No, Vladimir
- A ver, a ver, ¿qué te llamas Vladimir?
- Sí, yo pinto, pinto barata paredes, Vladimir, ji.
En este momento empiezo a oír algunas risas (la verdad es que no me esperaba tan buena reacción ante la chorrada). Mi contertulia se queda un poco parada y viene su compañera al ‘rescate’…
- A ver majete, Francisco, ¿cómo te llamas?
- Vladimir.
- Que no, que Francisco ¿cómo te llamas?
- ¿Francisco Vladimir? Pinto barata.
- Eso, ya vamos entendiendo… ¿tú tienes mujer?
- Si, en Románia mujeres tres, aquí una.
- ¿Dónde está tu mujer?
- Firmando papele separácion.
Más risas… y así un rato hasta que me dicen que tengo que hacer una prueba…
Tengo que conseguir 30 abrazos de los adultos en menos de tres minutos… Salto del escenario y empiezo a abrazar a diestro y siniestro, la gente se reía ‘¡vamos Vladimir!’
Llego a una mesa con varios adultos, y cágate, ¡me empiezan a hablar en RUMANO! Al momento se dan cuenta de que yo ni papa de rumano (sólo sabía decir Vladimir y Smirnoff) así que se descojonan y me abrazan (recuerdo a un rumano de unos doscientos kilos que al verle pensé en el abrazo mortal del oso, menos mal que era gente con sentido del humor…)
Consigo los treinta abrazos, menuda paliza… subo al escenario, cojo el micrófono y con mi perfecto acento rumano pido por favor que si encuentran mi pulmón por debajo de alguna mesa me lo devuelvan.
Entonces me dan un sobre (ahora viene la parte ‘ALLA TÚ’ del concurso).
- Te cambio el sobre por… ELLA (me señala a su compañera, ale, que maja)
- ¿Yo ella pinto? Digo haciendo el gesto de la brocha..
- No, para pintarla no…
- No, yo quedo sobre, Transilvania tres mujer.
- Pues nada, ¡te ha tocado una maravillosa sesión de SPA completa para dos personas!
- ¿es pa qué?
- SPA
- ¿…Qué?
- ¿Eh?
- ¿Que pa que es? Es pa…¿Qué? ¿Pa que es?
- Ale Vladimir, ya te puedes bajar…
Durante varios días, la gente me saludaba por todo el hotel… ‘hola Vladimir’, ‘Ese Vladimir!..’ ‘Vladimir, Vladimir, Vladimir…’ y las animadoras me miraban con enfado, imagino que se pensaron que las había tomado el pelo…
Bueno, el caso es que había conseguido mi sesión de SPA, así que allá que fui.
La sesión completa consistía en sauna, masaje, contrastes y camino de sensaciones…
Vale, me pego una ducha de agua fría (fría fría…) y a la sauna. Yo no entiendo esto de la sauna amigos. Que ganas de sudar hasta por las uñas… se te abren los poros… Dios, se te abren hasta las encías que mondongos… Cinco minutos estuve, manda huevos, si al menos dejaran tomarse unas cervecitas y poner unos pinchitos morunos en el carbón ese…
Vale, masaje… Ah, pues no, no hay masaje porque hasta Agosto no viene la masajista…
Vale, contrastes. Si, lo que imagináis, contrastes es métete debajo de una ducha, toma chorro de agua hirviendo, toma chorro de agua helada. Así hasta que tus huevecitos se agrieten…
Venga va, a ver ese camino de sensaciones… una ducha circular, con chorritos laterales hasta la altura de la cadera, y en el suelo PIEDRAS (bolos) para que te MASAJEEN los pies mientras andas sintiendo los chorros de agua.
TÓCATE LOS MONDONGOS CON EL CAMINO DE SENSACIONES…
Porque me salió gratis, si no le muerdo en la cabeza al recepcionista para poner una imperiosa queja.
Regards(las plantas)
Todo incluido.
Este relato detalla las peripecias de una familia normal (mi mujer, mis dos hijas de cuatro y dos años y un servidor) en uno de esos complejos turísticos (hotel cercano al mar) con la oferta de ‘todo incluido’.
Espero que os guste.
Tras casi cinco horitas de viaje en coche, por fin llegamos a nuestro destino, un hotel de cuatro estrellazas en pleno Mojácar (Almería).
Paro en la puerta y me dirijo a recepción para preguntar dónde está el parking ya que a primera vista no lo veo. Ya, todos pensaréis ‘pero macho, con tu estrabismo lo raro no es que no encuentres el parking, es que no te hayas perdido y estés en Oviedo’.
Pues no, efectivamente no había parking.
- - Buenas, quisiera saber dónde está el parking…
- - No tenemos. Pero en el hotel de enfrente si hay, eso sí, diez euritos al día, pero vamos, puede buscar sitio por aquí cerca que tenemos parasoles a 3 euros.
Primera bofetada ‘incluida’ en la oferta, eso sin haber descargado ni las maletas.
Por cierto, las maletas, tengo que hablaros de las maletas un día. Son de lo que no hay de verdad. Mi mujer es capaz de llenar todas las maletas que la pongas sin pestañear, da igual el tiempo que estés fuera de viaje, siempre hay un ‘por si…’ que las llena. Al principio pensaba que las ruedas de las maletas no giraban porque eran parientes directas de las ruedas de la mesita de la tele (esas que giran a la derecha cuando empujas al frente), pero no, no es eso, es simplemente que tienen un límite inferior al de llenado por mi mujer.
Bueno, descargo las santas maletas y las dejo con mi mujer e hijas mientras me voy a aparcar.
Vuelvo y terminamos de registrarnos. Y me tocan las pelotas con la pulserita.
- - Este... ¿tengo que llevar la pulsera esta todo el tiempo? ¿no tenéis una de quita y pon?
- - Pues no, todo el mundo la lleva
- - Ya, ya, si no digo que mientras esté en el hotel la lleve, digo que no me apetece dar el cante por los pueblos adyacentes (aquí la cagué, tenía que haber dicho pueblos ‘dal lado’ )
- - Pues no. Pero vamos, (agárrate...) SI TIENE USTÉ LA NECESIDÁ IMPERIOSA…
Toma yá… ‘necesidá imperiosa’, no pude reprimir el SinSa que llevo dentro.
- - ¡Voto a bríos! Anonadado me hayo con la riqueza de su vocabulario, congratulado quedo al descubrir tan magnánima cultura detrás de una recepción de hotel.
- - ¿perdón?
- - Que vale, que me quedo con la pulserita puesta.
Nos dirigimos a la habitación, al final de todo el pasillo, menudas caminatas me he dado cada vez que se nos olvidaba alguna cosa. Claro está, el último día, y no antes, descubrí una escalera pegada a mi habitación que evitaba toda la caminata.
La habitación estaba bastante bien. Dos camas de matrimonio juntas, mesita, terraza, baño amplio, bastante agradable.
Coloco la cartera, las llaves del coche y demás parafernalias en la caja de seguridad. Activo la nueva contraseña según indica el manual. No funciona. Leches.
Voy a recepción y descubro que no funciona porque el puto manual no dice que la caja de seguridad NO está incluida en el ‘todo incluido’.
Ale, tres euritos al día para tener caja de seguridad y que la señora de la limpieza no se pruebe los pendientes de mi señora.
Vale, empiezo a entender el concepto, el ‘todo incluido’ no es lo que uno cree, sino lo que el hotel determina. Tomar un café está incluido. Si pides un poco de nata por encima ya no. Si lo pides después de las once de la noche tampoco. Los helados hasta las siete, si quieres uno después de la cena, chinchas euritos. Y así con todo, poco a poco vas averiguando que el ‘todo incluido’ que en principio suponía el desentenderte de precios y horarios (me tomo lo que me apetece cuando me apetece), pasa a ser una auténtica esclavitud de horarios y productos.
Esto puede ser válido para una pareja, pero con dos niñas, que duermen cuando quieren, comen cuando quieren y cagan (perdón, pero es que es verdad, cagan que da gusto) cuando quieren, pues como que te pone en un nivel de estrés que no es NI POR ASOMO lo que te apetece en los pocos días de vacaciones que tienes.
Poco a poco nos vamos acostumbrando. Al final decido que le den por donde escuecen los pepinos a los horarios. Si nos apetece algo lo pedimos, si cuesta o no ya no lo miro, quiero relajarme y disfrutar de las vacaciones, a tomar por saco la extra.
Bueno, pues llega el momento de hacer realidad mi deseo. Ya, que no lo sabéis, pues os cuento, mi simple y llana imaginación daba como culminación a mis vacaciones la posibilidad de poder estar a solas con mi señora. Al haber actividades específicas para los niños (mini juegos los llaman), podíamos desentendernos ’un ratito’ de nuestra hijas mientras hacían dibujitos y jugaban a contar cuentos…
Ale, pues nada, ya pensando en ir a la habitación y echarme un daiquiri por encima (coste adicional), dejo a mis hijas bien sentaditas junto con otros tantos niños y me despido de la monitora.
- - Venga, en una horita o así vuelvo a por ellas
- - Va a ser que no
- - ¿uh?
- - Los niños sólo pueden quedarse solos a partir de los seis años.
Ale, a la mierda el daiquiri.
A la mierda el todo incluido y a la mierda los mini juegos.
Los demás días los pasé disfrutando de la playa y haciendo excursiones (la recomendación de KPs de Garrucha fue acertada) intentando olvidarme de que en el ‘todo incluido’ estaba incluido el putearme.
El año que viene no incluyo ni los buenos días.
Regards (las plantas)
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Cuando todo parecía perdido

Una mujer cambiará el rumbo de su vida

¿O tal vez no?
Próximamente en las mejores pantallas de GM.
Mi hermano
Tengo frío.
Todas las noches me pasa lo mismo, al rato de dormirme me despierto tiritando. A veces siento incluso como si estuviera húmedo, como si mi colchón se hubiera mojado del relente de la noche. Duele.
Antes, no me despertaba. No tenía miedo.
Dormía en una habitación con mi hermano, los dos juntos. Aunque él tenía sólo dos años, me reconfortaba oír su respiración mientras soñaba. No tenía frío.
Cuando mi hermano se tiró por la ventana yo no pude detenerlo, no pensé que acercar la silla a la ventana fuera jugar a volar.
Mis padres estaban en la habitación de al lado y entraron sólo cuando oyeron los gritos que provenían de la calle, cuatro pisos más abajo.
No pudieron soportar el sentimiento de culpa. Se separaron y me enviaron a este internado, hace ya dos años. Dos años con frío y miedo.
Miedo a que los mayores, llegaran en medio de la noche y empezaran a pegarnos, a obligarnos a hacer tonterías, como echar carreras llevando a algunos de ellos a caballo mientras nos golpean con toallas mojadas en el culo y en las piernas.
Los peores eran los del último año. Habían soportado diez años de internado y ahora no había nadie que les torturase a ellos, así que se ensañaban con todos.
Yo les odiaba. Cada vez que me hacían beber el agua del retrete tenía que pasar un par de días en la enfermería hasta que me remitía la descomposición.
Pero ya hacía dos meses que los mayores no venían. Dos de ellos habían desaparecido junto con otros tres chicos de otros cursos inferiores.
En el internado había un gran revuelo, pero la policía no había conseguido encontrarlos rápidamente por lo que se suponía que se habían escapado.
Pero nosotros sabíamos que no era así.
No había nadie que supiera nada sobre una fuga. Esas cosas se saben entre el alumnado incluso antes de planificarlas.
Pero esta vez nadie sabía nada. Rumores de raptos, fantasmas, asesinatos e incluso de que se usaban para rellenar las albóndigas los jueves.
Miedo.
Cuando encontraron uno de los chicos de último curso la policía empezó a hacer preguntas. Muchas. Nadie había visto nada, nadie sabía porqué la cabeza del chico estaba separada del cuerpo.
Luego encontraron a Luis, de un curso más que el mío. Yo le conocía porque siempre nos quitaba el balón en el recreo. Esta vez su cabeza estaba pegada al cuerpo, pero totalmente aplastada. Ambos enterrados en la parte de atrás del frontón, un sitio oscuro y alejado que normalmente se solía utilizar para las peleas.
'Te espero detrás del frontón a la salida' era la forma de tirar el guante. Cuando dos se peleaban, nadie se entrometía hasta que uno se rindiera.
Ahora no había peleas, nadie se metía con nadie, todos desconfiaban y nadie quería estar solo.
La policía no cejaba en su intento de descubrir al asesino. A mí me llevaron ante ellos en dos ocasiones. Eran unos señores muy serios y me miraban con la misma cara que mi profesor cuando le daba una disculpa por no haber hecho los deberes.
Los adultos son desconfiados y ni siquiera los policías se esforzaban por entender las reglas del internado.
Aquí hay jerarquías, marcadas por la fuerza. Los mayores suelen ser los más fuertes y por tanto los que mandan. Nadie se chiva de un mayor. Los policías deberían hablar con ellos, son los únicos que pueden contestar sin miedo.
Los cuerpos del tercer y cuarto chico aparecieron en el jardín de la capilla. Mientras el cura removía en el huerto las patatas, brotó un dedo de uno de ellos. Para poder reconocerles tuvieron que mirar el nombre escrito en su ropa, como hicieron con Luis.
Eran dos chicos de penúltimo curso. Siempre iban juntos y nadie les hablaba. Por las noches, decían, dormían en la misma cama y sólo se separaban un minuto antes de sonar la campana para levantarse.
No entiendo el porqué del rechazo de sus compañeros, pero siento una sensación de repulsa cuando les recuerdo besándose a hurtadillas.
Sólo quedaba un chico desaparecido. Juan Alonso, de último curso.
Hasta ayer.
Le habían encontrado en un pueblo a veinte kilómetros. Llevaba casi dos meses mendigando por las calles y le pillaron robando fruta. En la comisaría del pueblo por fin dio la referencia del orfanato y le trajeron de vuelta.
Miedo.
Los policías consiguieron saber que Juan Alonso se escapó por miedo. En el orfanato todo se oye. Nada se escapa. Pero no pudieron dar con el motivo.
Nosotros lo teníamos claro.
Había visto al asesino. Pero no tenía pruebas y por eso no lo confesaba. La palabra de un huérfano que no ha sido adoptado durante diez años, seguramente por ser conflictivo, es una palabra de poco peso.
Ahora al menos tenía cama y comida, seguro que su tiempo de vagabundo le había enseñado a apreciar el orfanato. No sé porqué no había vuelto antes.
Si yo fuera más mayor le preguntaría muchas cosas. Quizá algún día lo haga.
Por lo menos ahora no desaparecen más niños, quizá ahora pueda dormir tranquilo y sin frío.
Me despierto. Duele, duele mucho.
La tiritera me hace convulsionar mis mandíbulas y me muerdo la lengua.
Siento la sangre caliente y me reconforta. Pero la mantengo en mi boca, si trago puedo atragantarme, mi cuello tiene espasmos también por el frío.
Me levanto y me enrollo la manta en el cuerpo. Necesito encontrar el calor. Cojo mi navaja multiusos del cajón de mi pequeña mesilla y me dirijo a la habitación de los mayores.
Todos duermen. Me acerco a la cama de Juan Alonso. Me escurro dentro y suavemente me tapo con su manta.
Los temblores casi han desaparecido.
Acerco mis labios a su oreja. Paso mi brazo por encima de su cabeza y le meto la punta de mi navaja en la otra oreja. Le susurro.
Se despierta asustado. Siente la punta de mi navaja. Afirma con su cabeza y comienza a levantarse.
Gime un poco cuando al sentarse en la cama le corto un poco sin querer el lóbulo, pero no grita.
Miedo.
Salimos al patio. Le llevo a la parte trasera del frontón, el lugar de las peleas.
Ya no tengo frío, empiezo a sentir que el calor regresa a mi cuerpo.
Como cuando mis padres me abrazaban cuando me querían. Como cuando empujé a mi hermano por la ventana y durante un tiempo mis padres intentaron consolarme pensando que yo me sentía culpable por no haber podido detener su caída.
Juan Alonso está llorando. Tenía que haberles contado a los policías que me vio cuando separaba la cabeza de su compañero Luis con la pala del cura, la misma con la que luego enterré su cuerpo.
Iba a preguntarle muchas cosas. Si él también sentía calor cuando nos torturaba, o si le gustaba besar a otros chicos o tocarlos como hacía la pareja que tuve que matar cuando me llevaron al huerto para divertirse conmigo.
Pero tenía mucho calor. Estaba ardiendo. Ya era suficiente.
Apreté con todas mis fuerzas la navaja y se la clavé en el oído. Su expresión se paralizó y tuve que tapar su boca para detener su grito.
Me intentó empujar, pero volví a apretar la navaja hasta que entró parte de la empuñadura.
Cayó de bruces. Cogí la pala.
Calor.
Hola,
Aquí esta la exposición, pequeñita, cuca, modesta pero con un gran arte y amor.
La pared limpita. En ese momento estaba esperando a que llegara Irene y mientras pegaba las fotos sobre las cartulinas blancas.
Acabando de pegar las fotos. La cinta adhesiva de doble cara preparada.
Por fin llega Irene y empezamos a pegarlas (bueno ella, no se porqué pero a mí se me da mal ponerlas rectas)
Trabajando... " Si me hubieras dicho que me ibas a hacer fotos me habría puesto más guapa"
No son muchas, pero cada una la pensamos detenidamene.
Un poco más arriba... sube la izquierda, la derecha, abajo...
"Mira, mejor ya lo hago yo "...
Ya las tenemos!!
Una idea de las dimensiones una vez acabada.
Un detalle más claro de como han quedado
Y eso es todo. Ahora falta poner la leyenda (un numerito al lado y luego un fóleo con el nombre y descripción, el precio y un contacto).
Ya os iré diciendo como va la cosa.
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Hola,
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C A P I T U L O VI - Sobre lo lleno y lo vacío
Maravilloso capítulo. No tiene desperdicio. Cada frase tiene la propiedad de poder ser analizada largo y tendido. Es el capítulo más completo y profundo de los estudiados hasta el momento.
Entremos en detalle.
“Los que anticipan, se preparan y llegan primero al campo de batalla y esperan al adversario están en posición descansada; los que llegan los últimos al campo de batalla, los que improvisan y entablan la lucha quedan agotados.
Los buenos guerreros hacen que los adversarios vengan a ellos, y de ningún modo se dejan atraer fuera de su fortaleza.
Si haces que los adversarios vengan a ti para combatir, su fuerza estará siempre vacía. Si no sales a combatir, tu fuerza estará siempre llena. Este es el arte de vaciar a los demás y de llenarte a ti mismo.
Lo que impulsa a los adversarios a venir hacia ti por propia decisión es la perspectiva de ganar. Lo que desanima a los adversarios de ir hacia ti es la probabilidad de sufrir daños“
Al leer estos párrafos no he podido evitar que una de las obras de arte del cine aflorara en mi recuerdo: “Los siete samuráis de Akira Kurosawa”.
La acción transcurre en el Japón del siglo XVI. Los habitantes de un poblado de campesinos, hartos de ser periódicamente asaltados por una horda de bandidos, deciden hacer algo al respecto.
El miembro más anciano del pueblo sugiere contratar samuráis para que los defiendan.
Tras varios intentos fallidos de encontrar samuráis dispuestos a luchar tan solo a cambio de comida, encuentran a uno llamado Kanbei, que decide ayudarles.
Gracias a Kanbei, consiguen reunir a un grupo de siete, que defenderán el poblado más por su valentía y ética, que por los dos puñados diarios de arroz que se les ofrecía.
Las tácticas y estrategias usadas para defender el poblado de una auténtica horda de enemigos son asombrosas, y todas se ven reflejadas en los párrafos anteriores.
Sin duda Akira se basó en este manual para parte del argumento.
Si tenéis interés (si no la habéis visto deberíais deprimiros y correr a verla) podéis consultar la wiki.
“Cuando los adversarios están en posición favorable, debes cansarlos. Cuando están bien alimentados, cortar los suministros. Cuando están descansando, hacer que se pongan en movimiento.
Ataca inesperadamente, haciendo que los adversarios se agoten corriendo para salvar sus vidas. Interrumpe sus provisiones, arrasa sus campos y corta sus vías de aprovisionamiento. Aparece en lugares críticos y ataca donde menos se lo esperen, haciendo que tengan que acudir al rescate.
Aparece donde no puedan ir, se dirige hacia donde menos se lo esperen. Para desplazarte cientos de kilómetros sin cansancio, atraviesa tierras despobladas. “
Sorprende al enemigo, no le dejes pensar o déjale pensar pero equivocadamente. Que nunca sepa lo que vas a hacer.
“Para tomar infaliblemente lo que atacas, ataca donde no haya defensa. Para mantener una defensa infaliblemente segura, defiende donde no haya ataque.
Así, en el caso de los que son expertos en el ataque, sus enemigos no saben por dónde atacar.”
De nuevo la posición en el terreno y el enfoque de tu ataque y defensa deben estar meticulosamente estudiados y practicados.
“Haz que los adversarios vean como extraordinario lo que es ordinario para ti; haz que vean como ordinario lo que es extraordinario para ti. Esto es inducir al enemigo a efectuar una formación. Una vez vista la formación del adversario, concentras tus tropas contra él. Como tu formación no está a la vista, el adversario dividirá seguramente sus fuerzas.
Cuando estás concentrado formando una sola fuerza, mientras que el enemigo está dividido en diez, estás atacando a una concentración de uno contra diez, así que tus fuerzas superan a las suyas.
Si puedes atacar a unos pocos soldados con muchos, diezmarás el número de tus adversarios.”
Esta parte de estrategia es preciosa, pero no creo que deba utilizarse muy a menudo. Si el enemigo cae por dividirse, no volverá a separarse.
Conseguir la lucha 2 vs 1 a tu favor es algo que no siempre se consigue, pero engañar al enemigo pensando que puede tener esa ventaja es invitarle a una trampa sin salida que normalmente no suele rechazar.
“No han de conocer dónde piensas librar la batalla, porque cuando no se conoce, el enemigo destaca muchos puestos de vigilancia, y en el momento en el que se establecen numerosos puestos sólo tienes que combatir contra pequeñas unidades.
Así pues, cuando su vanguardia está preparada, su retaguardia es defectuosa, y cuando su retaguardia está preparada, su vanguardia presenta puntos débiles.
Las preparaciones de su ala derecha significarán carencia en su ala izquierda. Las preparaciones por todas partes significará ser vulnerable por todas partes.
Esto significa que cuando las tropas están de guardia en muchos lugares, están forzosamente desperdigadas en pequeñas unidades.
Cuando se dispone de pocos soldados se está a la defensiva contra el adversario el que dispone de muchos hace que el enemigo tenga que defenderse.
Cuantas más defensas induces a adoptar a tu enemigo, más debilitado quedará.
Así, si conoces el lugar y la fecha de la batalla, puedes acudir a ella aunque estés a mil kilómetros de distancia.
Si no conoces el lugar y la fecha de la batalla, entonces tu flanco izquierdo no puede salvar al derecho, tu vanguardia no puede salvar a tu retaguardia, y tu retaguardia no puede salvar a tu vanguardia, ni siquiera en un territorio de unas pocas docenas de kilómetros. “
Buffff.. Podría hablar de este párrafo durante días. Es auténtico arte, para mí el núcleo de todo el concepto de batalla.
Sólo una pequeña reseña de aplicar lo anterior a un juego de estrategia en tiempo real:
Colocas dos torretas y detrás arqueros. Con un caballero montado a caballo, te acercas al enemigo hasta que te detecta. Entonces, regresas rápidamente al cobijo de las torretas.
El enemigo te sigue y encuentra la muerte al toparse con tus torretas y arqueros. En unas pocas veces, consigues diezmar al enemigo (mientras sigues construyendo nuevas tropas) y puedes atacarle con facilidad.
“Esto significa utilizar muchos métodos para confundir y perturbar al enemigo con el objetivo de observar sus formas de respuesta hacia ti; después de haberlas observado, actúas en consecuencia, de manera que puedes saber qué clase de situaciones significan vida y cuáles significan muerte.
Pruébalos para averiguar sus puntos fuertes y sus puntos débiles. Por lo tanto, el punto final de la formación de un ejército es llegar a la no forma. Cuando no tienes forma, los informadores no pueden descubrir nada, ya que la información no puede crear una estrategia.
Una vez que no tienes forma perceptible, no dejas huellas que puedan ser seguidas, los informadores no encuentran ninguna grieta por donde mirar y los que están a cargo de la planificación no pueden establecer ningún plan realizable.
La victoria sobre multitudes mediante formaciones precisas debe ser desconocida para las multitudes. Todo el mundo conoce la forma mediante la que resultó vencedor, pero nadie conoce la forma mediante la que aseguró la victoria. “
Esto sí que es realmente difícil de conseguir. Para mí sólo se logra con una gran coordinación y entrenamiento. Si amigos, para parecer descoordinado hay que estar muy, muy coordinado.
Nunca se me olvidará la primera vez que vi utilizar la maravillosa técnica del mono borracho. Una de las seis variaciones de la técnica del mono de kung-fu.
Ahondando en ellas, encuentro que tres de las seis variaciones utilizan técnicas de engaño, a saber:
1. El estilo kung fu del mono borracho, que usa muchos golpes de garganta, ojos e inglés, así como técnicas de caída y desplome. Incorpora un montón de pasos falsos para dar la apariencia de parecer indefenso, y usa muchos golpes desequilibradores.
2. El kung fu del mono Perdido finge muchísimo. Da la apariencia de estar perdido y confuso para engañar al oponente en subestimar sus habilidades, y así responder cuando menos se espera. las manos y el trabajo de pie cambia y va de un pie a otro a voluntad.
3. El kung fu del mono Artesano es muy engañoso, usa diferentes emociones falsas como cebo para que el oponente ataque. Por ejemplo, pretendiendo estar herido da un falso sentimiento de seguridad y autoconfianza al oponente, esperando a que "bajen la guardia" para atacar sorpresivamente cuando menos se espera.
Más información, ya sabéis donde encontrarla.
Si pareces indefenso, el enemigo atacará con mayor confianza y dejará puntos débiles al descubierto.
“En consecuencia, la victoria en la guerra no es repetitiva, sino que adapta su forma continuamente.
Determinar los cambios apropiados, significa no repetir las estrategias previas para obtener la victoria. Para lograrla, puedo adaptarme desde el principio a cualquier formación que los adversarios puedan adoptar.
Las formaciones son como el agua: la naturaleza del agua es evitar lo alto e ir hacia abajo; la naturaleza de los ejércitos es evitar lo lleno y atacar lo vacío; el flujo del agua está determinado por la tierra; la victoria viene determinada por el adversario.
Así pues, un ejército no tiene formación constante, lo mismo que el agua no tiene forma constante: se llama genio a la capacidad de obtener la victoria cambiando y adaptándose según el enemigo.”
La primera frase que marco en negrita, porque es realmente un diamante en bruto. Explotar esa idea en cualquier parte de tu vida hará más fácil la batalla de vivir.
Regards(las plantas)
C A P I T U L O V - Sobre la firmeza
Ortodoxia contra heterodoxia.
Lo que viene a decir este capítulo, es que la estrategia que parece no pensada, pero que realmente está concienzudamente planificada, es la que provoca la sorpresa en el adversario dejándolo sin tiempo para reaccionar y por tanto haciéndolo sucumbir ante nuestro ejército.
Hace muchos años, en la calle los chavales jugábamos a un juego que se llamaba el pañuelo.
Se formaban dos equipos que se colocaban enfrentados detrás de sendas líneas dibujadas con tiza. En la mitad del camino de ambos equipos, un chaval cogía un pañuelo y lo sujetaba con el brazo extendido.
Cada equipo asignaba un número a cada chaval, de manera que si el equipo era de cinco chavales, cada uno tenía un número del uno al cinco.
Entonces, el chaval que tenía el pañuelo, decía un número y cada jugador de cada bando que tuviera ese número debía intentar coger el pañuelo y regresar detrás de su línea. Pero si uno tocaba el pañuelo, debía de regresar sin que el otro le consiguiera tocar, ya que si era tocado perdía.
Pues bien, lo normal era que los dos contendientes se acercaran al pañuelo y se detuvieran sin tocarlo, esperando a que el otro lo cogiera para rápidamente anularle tocándole. Se hacían amagos, ya que si uno traspasaba la línea de en medio sin que el otro tocara el pañuelo también quedaba eliminado.
Tras varios amagos de ambos contendientes, al final uno se decidía y cogiendo el pañuelo corría en dirección a su equipo mientras el otro corría detrás para tocarle.
Bien, pues ese día quedábamos sólo uno en cada equipo. Mi enemigo era dos años mayor que yo y por ende mucho más rápido. Sabía que mis opciones de victoria eran escasas. Si cogía yo el pañuelo seguramente me tocaría antes de regresar a mi base y si lo cogía él salvo que yo estuviera muy atento no conseguiría tocarle.
Entonces fui heterodoxo.
Cuando el ‘pañuelo’ dijo nuestro número, ambos salimos corriendo en busca del pañuelo.
Mi enemigo, como la ortodoxia mandaba, se detuvo sin tocar el pañuelo muy cerca de la línea divisoria para empezar con los habituales amagos.
Pero yo no. Llegué, cogí el pañuelo y salí disparado a mi base. Tal fue la sorpresa de mi contrincante que cuando pudo reaccionar la ventaja que le llevaba era suficiente para que no me tocara.
Ese día comprendí el quinto capítulo del arte de la guerra sin saberlo.
“Cuando induces a los adversarios a atacarte en tu territorio, su fuerza siempre está vacía (en desventaja); mientras que no compitas en lo que son los mejores, tu fuerza siempre estará llena.”
Regards(las plantas)
C A P I T U L O IV - Sobre la medida en la disposición de los medios
La defensa y el ataque.
Capítulo muy interesante para abordar un match en modo defensivo o agresivo. A veces estás obligado a un modo, por lo que sorprender cambiándolo es fácil.
En un match de plantar bomba, el quipo que defiende no se posiciona en lugares defensivos sino que rushea al equipo atacante…
“La invencibilidad es una cuestión de defensa, la vulnerabilidad, una cuestión de ataque.
Mientras no hayas observado vulnerabilidades en el orden de batalla de los adversarios, oculta tu propia formación de ataque, y prepárate para ser invencible, con la finalidad de preservarte. Cuando los adversarios tienen órdenes de batalla vulnerables, es el momento de salir a atacarlos.”
En un match modo versus este párrafo marca la pauta a seguir sin lugar a dudas. Si los nervios o el temor a ser tachado de ‘lamer’ por estar oculto y apostado, hace que pierdas la estrategia, sucumbirás al enemigo.
El arte de la guerra no diferencia a un guerrero por su ansia del combate, sino por la profundidad de su victoria.
“En situaciones de defensa, acalláis las voces y borráis las huellas, escondidos como fantasmas y espíritus bajo tierra, invisibles para todo el mundo. En situaciones de ataque, vuestro movimiento es rápido y vuestro grito fulgurante, veloz como el trueno y el relámpago, para los que no se puede uno preparar, aunque vengan del cielo.”
- Habéis ganado con lameradas plantando los culos acojonados.
- Cierto, HEMOS GANADO.
“las victorias de los buenos guerreros no destacan por su inteligencia o su bravura. Así pues, las victorias que ganan en batalla no son debidas a la suerte. Sus victorias no son casualidades, sino que son debidas a haberse situado previamente en posición de poder ganar con seguridad, imponiéndose sobre los que ya han perdido de antemano.
La gran sabiduría no es algo obvio, el mérito grande no se anuncia. Cuando eres capaz de ver lo sutil, es fácil ganar; ¿qué tiene esto que ver con la inteligencia o la bravura? Cuando se resuelven los problemas antes de que surjan, ¿quién llama a esto inteligencia? Cuando hay victoria sin batalla, ¿quién habla de bravura?"
El honor no debe confundirse con la bravura, si lo haces morirás bravamente y deshonrarás a tus compañeros.
Volvemos al trabajo, al esfuerzo en equipo y a las horas de práctica que hacen un poco menos divertido el juego pero mucho más sabrosa la victoria:
“En consecuencia, un ejército victorioso gana primero y entabla la batalla después; un ejército derrotado lucha primero e intenta obtener la victoria después.
Esta es la diferencia entre los que tienen estrategia y los que no tienen planes premeditados.“
Por último, la secuencia de una estrategia militar:
“Las reglas militares son cinco: medición, valoración, cálculo, comparación y victoria.
El terreno da lugar a las mediciones, éstas dan lugar a las valoraciones, las valoraciones a los cálculos, éstos a las comparaciones, y las comparaciones dan lugar a las victorias.”
Conocer bien el mapa, tenerlo bien practicado y coordinar al equipo en varias tácticas y estrategias. Este es el comienzo de una victoria.
Regards(las plantas)














































































































