LA ITV ARRUINÓ MI VIDA |
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De acuerdo, no es cierto. No arruinó mi vida. Pero la mal llamada "Inspección Técnica de Vehículos" no es sino uno de los muchos motivos para no tener coche: más bien debería llamarse "Humillación Técnica de Vehículos". En efecto, lejos de ser un simple trámite administrativo, encaminado como todos ellos a sonsacarnos impúnemente la pasta, la ITV se convierte en una ceremonia de humillación y amenazas de la que rara vez se sale bien parado. Tan enraízadas están estas siglas en el insconciente colectivo, que incluso quienes no están motorizados las conocen bastante bien, aunque albergan numerosas dudas al respecto. ¿Cada cuánto se pasa? ¿Puedes elegir dónde pasarla? ¿Cuánto cuesta? ¿Que ocurre si el coche no la pasa? ¿Por qué Dios creó algo tan horrible si su corazón está lleno de amor?
Este año ya iba preparado. De hecho, aunque he vuelto a pasarme de la fecha límite, lo tuve controlado en todo momento. Si me he retrasado ha sido simplemente como muestra de rebeldía, para demostrarles que ellos no controlan mi vida. Sí, pasaré vuestra maldita ITV, pero lo haré cuando yo quiera. Hace dos años, en cambio, se me pasó un mes por puro despiste. Resulta que estaba yo en un parking observando la zona de estacionamiento en batería para coches pequeños. Es una zona donde siempre aparcan coches grandes, por cierto. Bueno, pues observando las rayas del suelo que delimitan cada plaza, me preguntaba cual sería la mejor descomposición en polígonos si fuera necesario calcular sus superficies. Y entonces, no sé por qué, me fijé en el parabrisas de uno de los coches. Llevaba la clásica pegatina de la ITV, y por el año y el mes marcados, la tenía a punto de caducar. Esto no tenía ninguna gracia, pero me reí para mis adentros. Aquel pobre desgraciado estaba al borde de la ilegalidad. Qué vergüenza. "Es el tipo de cosa que a mí nunca pasaría", pensé yo. En ese momento me di cuenta de algo: no tenía ni puñetera idea de cuando me caducaba a mí la ITV. Pero ni flores, vamos. Regresé al lugar donde había aparcado mi coche para fijarme en mi pegatina, y descubrí con gran pavor que ya tenía que haberla pasado, aunque apenas llevaba un mes de retraso. Todavía tuve suerte, porque teniendo en cuenta que se me había olvidado por completo, lo mismo podía haberme dado cuenta cuando llevase varios años caducada.
Pero me había creído demasiado afortunado si pensaba que alguien me iba a prestar tanta atención, aunque fuera para insultarme. Estoy ahí, con los papeles en la mano, y el tipo de la ventanilla ni siquiera me mira a la cara. Espero mientras él mira hacia otro lado para conversar con una compañera. Dado que este recinto de cristal estaba aislado, blindado e insonorizado, no tenía ni idea de lo que estaba diciendo, pero estoy seguro que se trataría de una conversación absolutamente intrascendental. Quizá incluso formase parte de un guión que siempre interpretan cuando alguien se coloca delante de la ventanilla. El objetivo es evidente: que te sientas despreciado. Que sepas que aunque vienes ahí a someterte a su veredicto y pagando, a ellos se la suda. No te deben nada, ni siquiera los buenos días. Porque no vales ni el aire que respiras. Eres una mierda. Quizá el tipo, que por cierto es relativamente joven y lleva una especie de mini tatuaje horroroso en su escuálido antebrazo (o quizá sean unos rasguños, no lo veo claro), está esperando a que yo reaccione para entonces poder seguir ignorándome y aumentar así la intensidad del escarnio. Pero yo ya soy perro viejo cuando se trata de estas cosas, así que hago como que no me importa. Me quedo ahí con la mirada perdida en el infinito, mirando distraídamente hacia las paredes, ignorando que él me está ignorando. A ver quién puede más, enclenque. Mientras tanto, llega un tipo en moto y sin quitarse el casco, se acerca a la ventanilla y espera su turno a mi lado. Seguramente está pensando qué clase de farsa estúpida estamos representando el memo que mira hacia otro lado y yo. O quizá ya conoce bien el percal y no se extraña. En ese momento, el cretino del otro lado del cristal coloca la mano en la parte inferior de la ventanilla, como buscando a tientas los documentos que tengo que facilitarle, pero sin dejar de mirar hacia otro lado. Se los paso por el hueco, los coge, teclea unos datos en el ordenador y sigue hablando con la misma compañera de trabajo. Apenas puedo verle la cara, ya que está completamente girado hacia el lado contrario, casi dándome la espalda. En ese momento miro hacia mi coche, que está al fondo; lo he dejado abierto, así que cualquiera de los muchos sinvergüenzas que pululan por las calles podría colarse, abrírmelo y llevarse algo. Son muchos los objetos de valor que guardo en mi vehículo: una guía de calles, un trampo viejo, una linterna, dos pilas de repuesto y, si la memoria no me falla, dos preservativos que escondí, más que guardé, en la carpeta de documentos del coche. Sin embargo, el tipo de la moto y su puto casco me bloquean por completo la visión, así que no alcanzo a ver bien mi vehículo. En ese momento, el memo que tiene mis papeles habla por fin. "31 con 60", dice por el altavoz. Le respondo "¿Cómo?". Me lo repite: "31 con 60". No, no le he pedido que me lo repita para vacilarle. Es que esperaba otra cosa. Esperaba algo como "buenos días", "le deseamos una feliz itv" o "disculpas por esta humillante espera y por mi innecesariamente denigrante actitud chulesca". Qué va, nada de eso. La primera y la última palabra que me ha dirigido ni siquiera ha sido una palabra, sino un número, un importe. Muy hábil: es una forma de recalcar que si se dirigen a mí, es solo por mi dinero, lo único de valor que hay en mi persona. Le pago introduciendo el billete por el huequecito ratonera, me da el cambio y la factura, y me devuelve los documentos, que por supuesto no ha vuelto a colocar en la funda de plástico donde iban. Seguramente incluso tengo que agradecer que no haya escupido en mi permiso de circulación. Pero por supuesto, ni un "gracias", ni un "ya está", ni nada por el estilo. Me suelta los papeles y la factura, y se da la vuelta del todo. Quizá no sea tan mala idea que esté detrás del cristal, porque siento ganas de cogerlo por la pechera e incrustarle la cabeza contra la pantalla de su puto ordenador. Yo, que soy una persona encantadora, que doy las gracias por todo, que sonrío a los niños por la calle. Mirad lo que puede hacer la ITV con las personas.
Me aparto para dejar paso al tipo del casco que estaba esperando, y en ese momento, se da media vuelta y vuelve hacia su moto. Primero he pensado que quizá era uno de esos tristes casos de hombres hechos y derechos que se van a pasar la itv y vuelven a casa llorando, y le dicen a su mujer: "He llegado hasta la misma ventanilla, tenía el permiso de circulación en la mano, sudaba por todos los poros... pero no he podido, ¡no he podido!", y su mujer los abraza con gesto compungido mientras repite suavemente "ya pasó, ya pasó, tranquilo". Sin embargo, luego ha vuelto, así que o bien se había dejado algún documento en la moto, o simplemente ha logrado reunir finalmente el valor necesario. Ahora lo que me tocaba era volver a sentarme en el coche y esperar a que la cola fuese avanzando. Delante de mí tenía al tipo que estaba en la ventanilla cuando yo llegué. En vez de volver a entrar en su coche, se ha quedado fuera, apoyado en la pared, esperando a que la fila de vehículos avance. Va vestido con un mono de mecánico, y por un momento pienso que es uno de los trabajadores del taller, pero entonces me doy cuenta de que lleva el logotipo del RACC (una empresa de servicios para automovilistas). Al cabo de un momento, llega un chico con un Seat 600 amarillo, se baja del coche y le pregunta algo en catalán a este hombre del RACC, que le responde "es que no soy de aquí". Entonces el del 600 le repite la misma pregunta en castellano. El otro se lo aclara: "quiero decir que no trabajo aquí". Luego llega una mujer y vuelve a tener lugar una escena parecida. La confusión se repite una vez más con otro hombre más mayor, que intenta efectuarle una consulta al mecánico impostor y se lleva el mismo chasco que los dos anteriores.
Es de suponer que el coche no es del mecánico sino de algún socio del RACC. Seguramente, este ilustre club de automovilistas ofrece a sus socios la posibilidad de pasarles la ITV. Es natural, un tío importante no se rebaja a ir ahí a que le humillen; si acaso, envía a un esbirro con mono de mecánico en su lugar. Pero también podría tratarse de otra estratagema ideada por las retorcidas mentes de quienes mueven los hilos de la ITV. Lo que quiero decir es que quizá todo eso es un engaño y ese tipo no es más que una especie de actor. Pensadlo bien: al colocar ahí a un personaje vestido de mecánico, se generan un sinfín de malentendidos que hacen sentir idiota a la persona que se equivoca - en el párrafo anterior lo hemos visto. Además, hay un segundo efecto de vejación: al verlo, piensas que la gente de cierto nivel no pasa la ITV en persona. En cambio tú estás ahí porque no tienes dónde caerte muerto, porque eres un fracasado de la vida. Un pringao de cojones, vamos. Al menos el mecánico del RACC está ahí porque le pagan, pero ¿y tú? ¿Tú que coño haces, además del ridículo? Tú estás ahí y encima pagando. Gilipollas. Sí, tú. Gilipollas.
No mucho después, he llegado al fin al primer puesto de la cola. Desde allí ya veía la zona de pruebas: un espacio relativamente amplio amueblado con infinidad de extraños artefactos, todos ellos destinados a encontrarle fallos a tu vehículo de motor. Entonces se ha acercado un hombre, y me ha dicho: "¿Gasolina?". Podría haber dicho algo como "No tengo sed, gracias", pero para evitar no pasar la ITV por gracioso, he dicho que sí, y tras entregarle los documentos del coche, he pasado al principio de la zona de pruebas para motores de gasofa (los diesel van por otro lado). Ya solo faltaba que alguno de los lacayos del taller viniese a decirme que avanzase hasta el primer punto de control. He tomado aire y me he dicho: "ahora ya va en serio, tío". Mientras esperaba, observaba el coche que tenía unos metros por delante, que estaba terminando de pasar las pruebas. Las pruebas de la ITV, para quien no lo sepa, básicamente sirven para comprobar qué tal reaccionaría tu coche en caso de terremoto. Otra utilidad no les veo, ya que todo consiste en hacerte pasar sobre rodillos y plataformas que tiemblan, vibran, basculan, se agitan... De todas formas, oficialmente se supone que el objetivo de esta inspección es garantizar la seguridad de tu vehículo, pero tengo la sensación de que el concepto de seguridad de la ITV es algo peculiar. Creo que podrías ir montado en una bomba nuclear, y pasarías la ITV siempre y cuando tus matrículas fuesen del tamaño y color reglamentarios. Pero como tengas una ventanilla que chirría o un volante de piel de cocodrilo... ¡pon tu mejor cara y reza, porque lo mismo se te follan!
Mis temores no eran infundados, amigos. Es cierto que pasé la ITV de dos años antes, pero no fue una ITV de matrícula de honor, ni mucho menos. Dejadme que os lo explique antes de seguir (ahora viene un "salto al pasado", como en las películas): corría el año 2005 y mi coche estaba en perfectísimo estado, eso por supuesto. Y yo iba a la ITV, mi primera ITV "en persona" con toda la ilusión del mundo, pensando que hasta me felicitarían por lo bien que estaba mi coche. Sí, no exagero: prácticamente creía que saldría de allí con los neumáticos rodando sobre los pétalos de rosa que los amables empleados arrojarían a mi paso, y con marcas de besos en la carrocería del coche. Pero nada más lejos de la realidad. Además de recibir un trato frío y humillante (como el que estaba recibiendo ahora), al terminar la inspección me dieron con total desgana un papel que ponía "Favorable con defectos leves". Aparte del disgusto de ver que allí no ponía "De puta madre" si no un simple "Favorable", me ofendió profundamente eso de los "defectos leves", que además luego salían detallados más abajo. Pero bueno, ¿me meto yo con sus coches, o con el color de su uniforme, o con la simetría de sus narices? Además, sobra decir que los "técnicos" no me dieron opción de réplica. Allí su palabra es ley. Me plantaron los defectos en el impreso y apa, adiós muy buenas.
En esa ITV del 2005 me detallaron concretamente 4 "defectos leves": uno, que los intermitentes no eran lo suficientemente naranjas. Sí, en serio. Eran naranjas, pero no lo bastante. A mí no me lo parecía, pero allí son profesionales y saben muy bien qué tono de naranja se lleva cada temporada. En 2005 por lo visto se llevó el naranja pasión, y yo llevaba el naranja calabaza, que hizo furor en la temporada primavera verano de 2004, pero que ahora no lo lleva ningún automovilista de bien. Esto puede parecer de risa, pero es bastante peligroso, ya que los otros conductores, al ver que tus intermitentes parpadean con un tono naranja pero no lo suficientemente naranja, ignoran esta señal luminosa, y a partir de ahí, puede suceder de todo menos algo bueno. El segundo y tercero de los defectos eran fallos en la carrocería y el parachoques. Es cierto que el coche estaba ligeramente castigado, pero nada serio. Encima casi todo son rayadas o abolladuras que me han hecho otros artistas anónimos con el coche aparcado. Pero de nada habría servido explicarlo: me pusieron "defectos en parachoque sin riesgo de desprendimiento". Claro, sin riesgo de desprendimiento, pero de momento ya te la han colado. Jódete. Luego el día de mañana, cuando alguien busque tus trapos sucios, esto saldrá a la luz. Además, todos conocemos la triste historia de algún amigo o familiar que circulaba con parachoques sin riesgo de desprendimiento, y que terminó mal o peor. En la sociedad moderna, los parachoques sin riesgo de desprendimiento son sinónimo de marginación y criminalidad. No son más que un eufemismo que encubre algo mucho más grave: eres un aparcador de oído y una mala persona. Quizá incluso un hijo de puta. "Riesgo de desprendimiento"... pero bueno, ¿yo qué conduzco, un coche o una montaña rocosa? Pero ojo, que nos queda el tercer y último defecto, el más grave: un desequilibrio en las fuerzas de frenada del freno de servicio. Esto incluso me lo comentó el mecánico de la ITV, que me hizo apretar el freno tan fuerte, que dos años después todavía me duele la pierna mala. En aquel momento, con el estrés de la situación, no pensé en apretarlo con la otra pierna, pues para el caso habría sido lo mismo. Pues bien, como que el técnico detectó que aquella frenada padecía un grave desequilibrio (o que yo no sabía apretar el pedal de freno), me pidió que le dejase a él. Se subió al coche y él mismo frenó mientras unos rodillos zarandeaban las ruedas de mi velocípedo, pero obtuvo el mismo resultado: un acusado desequilibrio. Con tono condescendiente pero preocupado, me dijo que bueno, que pasaría la inspección, pero que esto era peligroso y que me lo tenía que hacer mirar cuanto antes. La verdad es que yo no había notado absolutamente nada raro en las frenadas, pero confieso que me acojoné un poco. Así que cuando salí de aquella inspección técnica de 2005, estaba destrozado. No solo había sacado un aprobado pelado, sino que encima me habían dicho sin rodeos que tenía, entre otros defectos, un desequilibrio en las fuerzas de frenada. Fui al taller a que me lo mirasen, pero según ellos no había ningún desequilibrio. Primero les creí, pero luego volví a mirar el informe de la ITV, donde incluso detallaba aquel monstruoso desfase en Newtons... y comprendí que los de mi taller me habían dicho eso para que no me preocupara, como cuando le dan la mala noticia a los familiares pero le ocultan al enfermo la gravedad de su dolencia. Seguro que en el taller lo vieron, y pensaron: "Pobre chico, para lo poco que le queda con este coche, al menos que circule feliz". Pero yo sabía la verdad. Así que estos últimos dos años, he circulado siempre avergonzado, bajando la cabeza en cada cruce, pidiendo perdón a todo el mundo por poner en peligro sus vidas con mis intermitentes no-lo-suficientemente-naranjas, mi parachoques abollado sin riesgo de desprendimiento y mis desequilibradas fuerzas de frenado. A menudo, al pararme en los semáforos, me preguntaba si los otros conductores se habrían dado cuenta de lo desequilibradamente que frenaba. No había forma de saberlo, pero si alguien me miraba, no podía evitar pensar que era porque lo había notado. A veces hasta me parecía oír que alguien me gritaba "¿Pero tú estás loco o qué?". Y yo no sabía si poner cara de despistado, o de resignación. Lo peor era cuando detectaba alguna fémina joven y lozana en algún vehículo cercano, o incluso cruzando la calle. Antes de la ITV de 2005 la habría mirado sensualmente, con la remota esperanza de dar salida a los preservativos que tan celosamente guardaba entre la documentación del coche. Pero ahora pasaba un bochorno tremendo. Por supuesto, hay mucha viciosa a la que le daría morbo hacérselo con un "chico malo" como yo, un tipo que vive al límite de la ITV y que conduce un auténtico ataúd sobre ruedas. Pero son casos demasiado puntuales; no podía contar con ello. Así que la maldita inspección técnica incluso perjudicó a mi vida sexual, que ya era bastante pobre sin que ellos y sus putos informes viniesen a complicármela más.
Por eso ahora (atención que volvemos al presente), mientras esperaba esta nueva inspección, temía que de nuevo detectasen esta grave anomalía, y que en esta ocasión no fueran tan benevolentes. Es más, estas cosas no mejoran con el tiempo, a diferencia de los hombres y el buen vino, así que ahora el desequilibrio se habría agravado, eso seguro. Incluso había llegado a pensar que quizá no me iban a dejar ni salir de allí con el coche. Precintarían mi vehículo, evacuarían el taller y avisarían a un equipo de profesionales para que lo desguazasen in situ. Ésa era la única forma de garantizar que no volviese a poner en peligro la vida de nadie.
Tras unas cuantas sacudidas para joderme un poco más los amortiguadores o lo que quedase de ellos, el técnico mecánico diabólico me ha hecho avanzar hasta el siguiente punto de control, donde las ruedas quedaban empotradas en una especie de zanja con unos rodillos de aspecto un tanto siniestro. Tras un par de comprobaciones, ha llegado el fatídico momento de apretar el freno a fondo, poco a poco. ¿Cómo explicar el dramático crescendo de emociones y temores que ha brotado de mi corazón? Imposible. Simplemente me he encomendado a dios y a los arcángeles, y he comenzado a pulsar el pedal, observando cómo poco a poco las agujitas subían. En cualquier momento, una de las dos se quedaría atrás, y le diría a la otra: "Compañera, sigue sin mí - yo solo soy un lastre inútil, pero tú todavía puedes salvarte". Sin embargo, este momento no llegaba. La agujas han completado su recorrido, y allí no había pasado nada. ¿? A continuación he tenido que volver a hacer lo mismo. He pensado: "Ah, esta es la buena, o sea, la mala". Pero otra vez igual, las agujitas parecían un equipo de natación sincronizada. Todo en orden. De hecho, aunque no entiendo mucho del tema, pienso que se podría decir que el equilibrio entre los dos discos de frenado era una cosa que daba gusto verla. Pero, ¿cómo es posible, si dos años antes aquello era un desastre? No tengo pruebas, pero estoy casi seguro de que la cagaron la otra vez. Ya lo dije, yo nunca había notado nada ni remotamente raro al frenar. Pero por culpa de sus putos artefactos de medida, había llevado durante dos años una vida de desequilibrado sin que existiera motivo para ello. Había estado viviendo una farsa, y todo porque los aparatos de la ITV no pasan la ITV. Seguro que habéis oído esa frase de "¿quién vigila a los que nos vigilan?". Bueno, pues yo digo, ¿qué ITV pasan los que nos hacen pasar la ITV? Ninguna, ellos hacen y deshacen a su antojo, y luego lo pagamos los inocentes, los que pagamos. Yo no soy creyente, pero desde luego está claro que Dios hizo el mundo en 7 días o menos. Así le salió. Qué chapuza.
En fin, una vez el coche ha quedado bien situado sobre el foso, este tipo se ha marchado y otro técnico le ha tomado el relevo. Antes de bajar al nivel inferior para analizar los bajos de mi coche, me ha indicado que me daría indicaciones a través de unos altavoces para mover el volante. Ya digo que allí otra cosa no, pero cumplir órdenes, hasta cansarte. Incluso a través de un altavoz, que ya es el colmo: órdenes por control remoto. Pero bueno, cuando hubiera terminado esta parte, tendría vía libre para marcharme. Volvería a ser un conductor decente, aunque bueno, en realidad nunca lo había dejado de ser, porque mis fuerzas de frenado eran dignas de un caballero Jedi. Luciría con orgullo mi nueva pegatina de la ITV. Buff, lo que iba a ligar con la pegatina de la ITV. "Voy a follar hasta por los descosíos", me decía a mi mismo. En pocas palabras, recuperaría al fin el orgullo, la autoestima. La dignidad.
La inspección había terminado. El mismo hombre que al principio me había preguntado si mi coche era de gasolina, ha venido ahora hasta mi ventanilla para devolverme los documentos del vehículo y hacerme firmar un papel. Ni he mirado lo que ponía: solo he visto que aunque tenía defectos, había logrado volver a pasar la ITV, y con eso me bastaba. No sé, quizá tendría que haberme rebelado y negarme a firmar un documento en el que, una vez más, ponen de vuelta y media a mi coche. Aunque todavía puedo dar gracias de que no hayan puesto comentarios tipo "el conductor tiene pésimo gusto para la ropa" o "el coche está muy sucio, probablemente lo conduzca un cerdo". De todos modos, debo decir que esta vez tenía menos defectos que la vez anterior, lo cual resulta muy curioso. Quizá para la próxima ITV el coche ya esté perfecto. Hay que joderse. Con la documentación y la pegatina nueva (pero también con el folies bergere -o como se llame- roto, y mi orgullo herido), he encarado el túnel de salida, al final del cuál brillaba la luz de la calle, donde los transeúntes iban de un lado a otro sin saber los crueles atropellos que allí dentro estaban teniendo lugar. Ya de vuelta sobre el asfalto, me sentía frágil y delicado, ya que el follín palitroquier está tocado (iré al taller en cuanto pueda), pero dentro de todo, me sentía bastante bien. Por fin me había quitado de encima la puta ITV, un trámite que, como espero haber demostrado, no tiene otro fin que vaciarte los bolsillos y, por encima de todo, despreciarte como conductor y vejarte como persona.
Mi intención con este relato es advertir a los más jóvenes de lo que os espera cuando tengáis que pasar por este horrible trámite, si es que os motorizáis, cosa que yo no recomiendo. Cuando llegue el momento, sed fuertes y no permitáis que os hagan lo que a mí. Sacad pecho y, a la primera impertinencia, cortadles en seco. O como mínimo, que no vean que os afecta. "Dientes, dientes, que es lo que les jode", como decía la Pantoja. De verdad, no les deis ese gusto a los malvados iteuveros. Entre todos, algún día acabaremos con la dictadura de la inspección técnica, y crearemos una sociedad de hombres y mujeres libres, una sociedad donde las personas no serán discriminadas por el color de su pegatina de la ITV. Aunque, hasta entonces, tendremos que seguir viviendo bajo esta cruel dictadura. Paciencia, amigos conductores. La revolución está cerca. La revolución está... cerca. |
jajaja, como siempre champion, superior, superior
solo una apreciación, no se si en cataluña será igual, pero en andalucia, solo pagas una vez el impuesto, osea que si no la pasas y vas a los 15 dias, 1º solo te revisan lo puntos que no pasaron, y 2º, no te cobran de nuevo
Ante esa tesitura, prefiero llevar el coche, que ellos me digan que reparo, así ahorras pasta en el taller con los puñeteros poyaques (po ya que estamos por que no le cabias el guardapolvos)
Muy buena la historia Champión y muy oportuno el toque "negro" de la misma.
Saludos!
yo no es por meter mierda, pero aquí en mi pueblo si los de la ITV te tratan mal te vas a la ITV de la ciudad de al lado.
De todas formas mi FOrito está en las últimas así que aprovecho para rellenar el aceite en el TAller ( el ford no necesita que se lo cambien , lo bebe) y que me la pasen ellos, que tienen más mano.
Primero de todo, decir que me sorprende que (supongo) os lo hayáis leído todo, o simplemente que lo finjáis tan bien, sobre todo porque esto lo publiqué ayer mismo por la noche. Gracias, compañeros.
#1 Pues ahora que lo dices, igual he estado equivocado toda mi vida. Yo tenía entendido que se paga por la inspección, si sale bien, bien, si sale mal, ya volverás a pasarla y a pagar. Pero podría ser de esas cosas que uno no se entera.
#2 Gracias joven, por cierto aprovecho para felicitarte por tus artículos sobre tus viajes a Normandía (una lástima que se haya enturbiado el último por chorradas de la gente). El reportaje fotográfico del viaje y de tu colección está muy currado
#3 ¿Quieres decir que si no la pasas en tu pueblo, te vas a otra? Esto también pensaba yo que no se podía hacer, o sea, que puedes elegir la ITV que quieras, pero que si no la pasas, la has de volver a pasar en el mismo sitio, ya no puedes cambiar.
si, pero una vez cagada en una ITV tienes que volver a esa misma
Yo cada año le paso la revisión 1 mes más tarde de su caducidad, en 12 años habré ganado 1 año, no sé si sirve para algo pero me gusta.
#5 Ah ok querías decir de un año a otro, entonces sí. Yo quería decir eso que dices, que si "pinchas" en una, ya eres su putita hasta que la pases.
Yo también con la coña de los retrasos voy sacando algo de margen. Otro tema dudoso es cuánto tiempo tienes para pasarla, según el taller creo que 1 mes o algo así (me lo dijeron hace 2 años pero no me acuerdo cuánto). Claro que hablamos de gente incapaz de detectar un guardapolvos roto, así que quizá su información sea poco fiable.
Algún día la ciencia avanzará hasta niveles que hoy ni siquiera imaginamos, y todas estas dudas sobre la ITV estarán tan ampliamente superadas, que se los conductores del futuro se reirán de lo ignorantes que éramos en el siglo XXI. Bendito progreso.
champion, puedes elegir la que quieras, incluso de fuera de tu comunidad, imagina que curras fuera, y tienes que hacer 500 Kms, solo para pasar la ITV
#7 Que los haga, que haga los 500 km.... imaginais el blog de Champion contando que ha hecho 500 km. para pasar la ITV al coche? Se superaria a si mismo.
NOTA: si, un poco hijoputa si que soy si.
creo que deberías ver el manga Welcome to the NHK, cuando leo tus columnas me recuerdan a las paranoias que se monta el protagonista
yo voya guadalajara (si,me pilla mas cerca k a
),pero es k en cualkiera de madrid tengo k pedir cita y hora, y alli vas,te pobnes ala cola, te dspachan y te sajan y te vas. mucho mas comodo. al = k para renovar dni, te lo hacen al momento, en alcala,me tengo k joder 1mes, aparte de hacer una cola inmensa.
jaja muy buen articulo
Se me olvidó que hice un par de fotos con el móvil. Las he añadido al texto. Son estas dos:
* img59.imageshack.us/img59/967/itvtunel1ix8.jpg
* img67.imageshack.us/img67/32/itvtunel2rn9.jpg