Creo que por fin he tocado fondo: el otro día golpeé con saña a mi nevera. Vibraba de forma extraña todo el rato, me levantaba, la tocaba y dejaba de vibrar. Me sentaba y volvía a vibrar. Así una y otra vez. Finalmente todas mis frustraciones se concentraron y no lo pude evitar: le sacudí un puñetazo a la nevera en el congelador. Estuve a punto de reventarla pero me reprimí en el último momento, pese a lo cual no pude evitar abollarla. La última vez que me pasó algo así fue hace 9 años: en los lavabos de la empresa donde trabajaba, le di un puñetazo a la pared y rompí dos azulejos. No me rompí la mano pero detener la hemorragia costó un poco más. Ahora que pienso, también una vez (hace muuucho) le pegué una patada a un estuche que se me cayó al salir de un examen que digamos que no fue muy bien, y me rompi el dedo gordo del pie y me torcí el tobillo porque también le di a la pared. Ah y otra vez no sé qué hice en un ataque de furia con un encendedor que literalmente reventó. Bueno todos tenemos historias de este tipo.
Esta vez no me hice sangre ni me rompí nada, pero después de descargar el golpe, me pregunté qué había hecho. ¿Para esto tanto gimnasio, para pegarle a una nevera? Palomas cagonas, parásitos chupasangres, 50 locas de las que hablaré algún día en este blog... y voy y le atizo a la pobre nevera?
Al día siguiente, la nevera desde luego no vibraba. Estaba muy fría conmigo, como corresponde a toda nevera al fin y al cabo. Mucho peor es el microondas, me ha hecho grandes putadas: por su culpa no puedo tomar cortados en taza pequeña, pues es imposible regular su puta rueda de tiempo con suficiente precisión y la taza siempre acaba explotando. También suele hacer explotar mis cenas a base de atún con un poco de salsa de tomate; paso más tiempo limpiándolo por dentro que tomando la cena. Pero nunca le he pegado. Tampoco le he pegado a la tele, cuyo mando a distancia funciona cuando le sale de los cojones. Ni a mi equipo de música, que se encalla con los mp3 si van en cd de 700 mb (pero, ¿dónde encuentro yo a estas alturas un cd de 650 mb?). Y en cambio voy y le sacudo a la pobre nevera y le hundo la chapa.
Si mi relato le sirve a alguien para pensárselo dos veces antes de hostiar a su nevera, daré por buena mi experiencia.
Tranquilo hermano, yo he hostiado a prácticamente todo electrodoméstico o utensilio de hogar repetidas veces. No hace que te sientas mejor, pero alguien tiene que pagar los platos rotos...
Ánimo. Ella volverá a atenderte con gusto y dejará de escarcharte hasta los yogures, y no has tocado fondo. Cuando empieces a jugar al juego de la Mansión Playboy sí querrá decir que has tocado fondo, no antes
Yo a lo único que recuerdo haber hostiado es a mi difunto p3 800 que el ruido ensordecedor que producía el ventilador era misteriosamente acallado con un golpe seco en la parte superior central de la fuente.
Yo no pego a nada a menos que me sirva de algo (ejemplo de arriba) porque ¿para que hostiar algo? ¿Si le pegas no se romperá mas?
Yo quiero romper una lanza en favor de todas las neveras, frigoríficos y demás electrodomesticos enfriadores. Especialmente quiero mandar un cariñoso abrazo a la mia, que a pesar de que solo condensa unas gotas como puños en la parte de arriba, me ha tratado bastante bien...
... no como yo a ella. El caso es que a pesar de metal por fuera, posee una textura muy suave y parece amortiguar los golpes. Por eso caliento los nudillos en su suave superficie cuando me sube la adrenalina.
Ahora tengo miedo, porque seguro que está tramando su venganza, seguro que conoce bien el dicho de que la venganza es que un plato que se sirve frio. Por eso evito dejar platos, o cualquier cosa plana dentro de ella donde se pueda servir venganza.
P.D. ¿Por qué tengo esta jodida sensación de dejà vu?
Bueno, mejor pegarle a un objeto inanimado que a un ser vivo (con excepción de pigeon fly's).
No es mala salida de la agresividad, aunque yo sugeriría comprar un muñeco, que se parezca a Steve Urkel, o a Pocholo (chchchcshschsch, yo a es quealpocholoéselecogía... ledabadehostiashastaenelcarnet....y...) y colgarlo de una viga con una soga al cuello para poder golpearle a gusto. Es una actividad lúdica muy sana, y práctica, puedes darle de hostias a Pocholo mientras ves la tele, escuchas música, o preparas la comida. Podríais añadirle motivos decorativos de interés para cada ocasión, como por ejemplo una réplica fiel del moño de vuestra suegra, una fotografía del imbécil con el que trabajáis en la oficina, un dispositivo musical con el último éxito de las Ketchup, o podríais darle vueltas a la cuerda para que el muñeco gire igual que Bisbal. Es sencillo de obtener, con una sábana y una abuela que os cosa algo aquí y allá tendréis buenos resultados. El relleno puede ser desde arena hasta plumas de paloma, depende de la consistencia y peso que queráis darle a vuestra creación. Un tal profesor Viktor Frankestáin construyó el suyo con trozos de carne de cerdo y choto, pero como se pudría y él era un perfeccionista optó por engancharle unos electrodos y darle vida.
Animáos, es sano, natural, y mata el tiempo (y el muñeco).
-"Éste es un consejo del profesor Seolez, no doctorado en psicología ni titulado en ciencias médicas, ni puta idea que tengo, para la seguridad vial de electrodomésticos"
¿porque coño cuando nos enfadamos o tenemos rabia nos da por pegarle a algo? Vale, esta claro que para descargar adrenalina, pero para descargar adrenalina podemos ponernos a correr por el pasillo a spring, dar saltos para intentar llegar al techo... etc, pero sin embargo somos bobos y decidimos pegarle a algo que de antemano sabemos que si lo golpeamos, es posible que se rompa, o se bolle o deje de funcionar, con lo cual.... es una estupidez y lo hacemos, hicimos y seguiremos haciendo...