Las palomas no iban a salirse con la suya. No sabía cómo iba a lograrlo, pero allí no había más huevos que los míos. Esto lo digo porque, igual que un día me encontré una paloma muerta, otro día me encontré una cáscara de huevo. He de decir que esto es extraño ya que fue a principios de Enero si no recuerdo mal, y por lo que sé, estos bichos no empiezan a ponerse cachondos y procrear hasta marzo. La verdad es que aprendí muchas cosas sobre estas ratas con alas, a base de investigar por Internet sobre sistemas para ahuyentarlas. Desde la cantidad de enfermedades que pueden transmitir hasta sus hábitos de vida, la verdad es que reuní bastantes datos sobre mi enemigo.
Pero no podía ser de otro modo. Yo, como ya dije al final del anterior episodio, me había convertido en palomator. Por suerte, pese a mis recién adquiridos superpoderes, no me había salido "pluma", y eso que mi nueva casa está en el barrio gay de Barcelona. De hecho, estando mal de una pierna y siendo palomator, se podría haber supuesto que yo era más maricón que un palomo cojo, como se suele decir (la frase no es mía, me limito a reproducirla aquí). Pero no, no lo era, aunque desde luego las palomitas me estaban dando bien por saco...
Recapitulemos: los pinchos de la cornisa superior no habían servido de gran cosa. Y los pinchos en la entrada de su "palomar" tampoco, pues las muy putas habían aprendido a aterrizar en la cornisa inferior, cagar y luego, con cuidado, entrar al nido (y cagarse otra vez). También comenté que me dediqué a intentar espantarlas... eso comenzó de forma más o menos discreta, casi murmurando para mí mismo. Pero terminé saliendo a la terraza gritando "fuera putas! guarras! a truñar a otra parte, me cago en todo!", y haciendo aspavientos con brazos y muletas. Por supuesto, mi actitud despertó el interés de los vecinos ancianos de enfrente, de los que ya hablé en algún mensaje del foro. Aunque yo lo entiendo: si enfrente de mi casa tuviera a un chalado que cada 5 minutos saliese vestido de mamarracho (con bufanda, gorro y chandal y sin afeitar) a agitar la muleta en al aire y lanzar todo tipo de improperios contra unos tiernos animalitos, también miraría.
Es verdad que, pese a todo, cagaban menos que cuando llegué al piso. Pero eso no era decir mucho tampoco. Mientras se me ocurría que hacer, hice una cosa: con un palo largo, metí más pinchos "sueltos" encajados en los que ya estaban puestos en el agujero. Una foto para que se entienda:
Los pinchos verticales eran los que puso el novio de mi hermana menor, y la tira de plástico con más pinchos que se ve atravesada, es la que yo meti ahí como pude. En el otro lado del agujero hice lo mismo y también encajé trozos de red en los pinchos. No era una solución muy estética, pero pensé que provisionalmente impediría a las palomas seguir entrando al agujero.
Qué iluso era. Tras hacer esto, entré en casa, me senté en el sillón y comencé a trabajar con el portátil. No había pasado mucho rato cuando comencé a oír unos ruidos bastante extraños. Creí que llovía, pero miré y no llovía. Sin embargo oía como un "clic clic clic...". Hasta que de repente oigo caer los pinchos que había atravesado contra los otros. ¿? Salgo a la terraza, y dos palomas salen volando al verme, salpicándome con restos de mierda seca de la cornisa... asombroso, las muy hijas de puta, no sé cómo, habían sacado de sitio las púas que yo había puesto. Las volví a colocar, volví a entrar a casa, y al cabo de 1 minuto, otra vez los ruidos. Para variar, otra vez tuve que acabar por salir a la terraza a trabajar con el portátil para espantarlas si venían.
Pero fue inútil. Al final tuve que salir a comprar algo y a comer a casa de mis padres, y cuando regresé... los pinchos que había puesto y los trozos de malla de plástico estaban en el suelo de la terraza. Indignado miré hacia el agujero, y una puta paloma de mierda me miró entre los pinchos como si tal cosa, con cara de "eh? oiga, qué hace usted aqui?". Sí, sacó la cabeza casi provocativamente, y me miraba como si el raro fuera yo. Quizá alguno recuerde este momento, porque ya lo expliqué: esta paloma era una que me plantaba cara. No se asustaba. Y tenía cara de mala, aunque suene de risa. Esta paloma me daba mala espina.
Los días siguientes volví a colocar pinchos y trozos de plástico como podía desde abajo con un palo largo. Pero tantas veces como los puse, los tuve que acabar recogiendo. No sé exactamente como lo hacían las muy hijas de puta, pero de algún modo los levantaban y los tiraban al suelo.
Así que comprendí que iba a tener que tapar el agujero con la red de plástico pese a todo. ¿Como hacerlo si sobresalían unos pinchos? Bien, pensé lo siguiente: recortar un trozo de malla de plástico, aplicar silicona en los bordes, y con un palo sujetarla, subirla por encima de los pinchos, y luego bajarla para que quedase situada entre las dos líneas de pinchos (no podía meterla directamente de frente o toparía con las puas). De todos modos, el plástico tampoco podría tapar todo el agujero, sólo los dos tercios superiores, pero si lo lograba, ya bastaría. Una vez situada ahí, la presionaría con el palo contra la pared para que se pegase.
Como siempre, yo en mi mente lo veía todo muy fácil, incluso imaginaba que al terminar, llamarían a la puerta y sería una vecina potente que venía expresamente para felarme. Pero luego todo fueron problemas y desde luego nadie me feló (ok, el verbo no existe pero me dejáis que lo use, ¿no?). Para empezar, los bordes del agujero están muy desgastados por el tiempo y la intemperie... mala superficie para pegar nada. Y encima claro, la malla de plástico es como una red, tampoco es una superficie lisa. Por si no era suficiente, ese día soplaba viento... en fin, ni os imagináis lo que me costó conseguir colocarla, después de hacer más prácticas que para sacarme el carnet de conducir. Hay que pensar que una vez la llenase de silicona por los bordes, no podía fallar, tenía que salir bien a la primera. Fue un momento de mucha tensión, pero la logré colocar. Sin embargo, tristemente, no conseguí que se pegase y se mantuviera pegada. Creo que la silicona estaba en mal estado o algo... hice lo más difícil y me falló lo que debía ser más sencillo. Finalmente yo mismo "desencajé" la red y la bajé, porque como mucho iba a poder pegar un lado, y seguro que entonces las palomas habrían levantado el extremo opuesto y habrían seguido entrando, y entonces si que habría sido muy jodido añadir nada más. No quería más chapuzas. Aunque esta foto es de una fecha posterior, podéis ver la malla de plástico blanca ensiliconada que no logré enganchar (también podéis ver mejor cómo es una de esas tiras de plástico con parejas de púas):
Estaba rabioso, pero no me daba por vencido, así que un par de días después, se me ocurrió una idea: colocar otros pinchos como los del agujero, pero no debajo sino encima. ¿Entendéis? Abajo unos, como ya estaban, y encima otros. Como estalactitas y estalagmitas entrecruzándose, unos saliendo de la base del agujero, y los otros del "techo" de la entrada del agujero. Claro que esto era pero que muy jodido. Tenía que, desde abajo, coger un trozo de plástico con púas, colarlo entre los pinchos de abajo, y pegarlo contra el "techo" del agujero por dentro. La maniobra era peliaguda, pero sería más fácil pegar eso que la red.
Cogí mi palo extensible de pintor y mis herramientas de fabricación casera - más adelante ya os pondré fotos de las herramientas e inventos que fui haciendo. Me lo preparé todo, y estuve ensayando hasta estar seguro de que podía meterle silicona a los pinchos, subirlos, colarlos entre los otros pinchos y pegarlos. Repito que aunque pueda parecer sencillo, es muy pero que muy jodido hacer movimientos tan precisos desde debajo, con un palo que te baila porque la junta extensible no es fija del todo, y con una cornisa debajo del agujero que no te deja ver bien... y sabiendo que cuando pongas la silicona, no hay ya más ensayos, porque si la cagas y se te cae o se traba con los pinchos o cualquier cosa por el estilo, no hay marcha atrás. De hecho incluso podían caerme los pinchos dentro del nido de las palomas y perderlos. Encima, con el frío, las manos se me acababan helando y casi perdía la sensiblidad. Una gozada, vamos.
Bueno, una cosa: en realidad inicialmente no iba a ponerle silicona al trozo de púas que quería añadir. Quería ponerle un adhesivo especial para intemperie que había comprado para evitar más problemas como los de la red. Pero resulta que ese día ya había llegado la famosa ola polar. Hacía un frío de cojones y... ¡el pegamento se me congeló! No del todo, pero estaba tan espeso que parecía un trozo de goma, y por descontado no pegaba ni se podía aplicar. El día anterior por la noche estaba líquido, de hecho lo estuve examinando, y para que negarlo, también esnifándolo un poquillo pero sin colocarme ni nada, ¿eh? En fin, era la hostia, encima que se me estaban helando las pelotas, se me helaba el pegamento. Por un momento, consideré meter el pegamento en el microondas (una de mis ideas geniales), pero tuve una visión: vi el tubo del pegamento explotando dentro del microondas, y pensé que mejor no hacer idioteces a menos que quisiera comer pegamento durante muchos meses. Por suerte soy un tipo previsor, así que también había comprado otro tipo de silicona mucho más adecuada que la que intenté usar con la red de plástico (ojalá la hubiese comprado antes, quizá hasta habría conseguido pegarla), y aunque no salía muy fluida, se podía utilizar perfectamente, no estaba congelada.
Lo que sucedió a continuación fue el momento más crítico de mi lucha contra las palomas, y ya tenía ganas de explicarlo. Veréis, cogí una tira de plástico con púas cortada al tamaño necesario, practiqué el movimiento varias veces como ya he dicho y la embadurné de esta silicona, una masilla gris. Y, con pulso trémulo, la coloqué en su sitio con el palo y mantuve la presión unos segundos para que se quedase pegada. Os recuerdo que la pegaba de modo que, si no se adhería bien, podía desengancharse por la fuerza de la gravedad, pero si mantenía la presión mucho rato, podía quedárseme pegada la parte del palo largo que usaba para colocarla.
Pero lo conseguí, quedó bien puesta. Bueno, en realidad sólo era una parte del agujero, ahora me faltaba la otra. Me sentía un triunfador: iba a lograrlo. Como estaba muy cansado, antes de seguir me senté a descansar en un rincón de la terraza. Todo este rato, las palomas no hacían más que ir dando vueltas, acercarse e irse, ponerse cerca y observarme... A estas alturas ya no me fiaba mucho de estos bichos, así que estaba bastante atento, aunque confieso que me sentía muy chulo, superior a ellas, y ya sabéis lo que se dice: no hay enemigo pequeño, nunca se debe menospreciar al rival, y yo lo hice. Por eso, cuando de repente vino una paloma y se posó en la cornisa cerca de los agujeros, me levanté de golpe para espantarla, ni pensé que pudiera tramar algo. Pero la muy puta no se asustaba... sólo iba retrocediendo un poco por la cornisa. Se iba yendo hacia la punta, alejándose, pero no se iba volando. Era muy rato. Me acerqué más, y retrocedió más, pero tampoco volaba, sólo me miraba. Al final me hizo llegar hasta la misma barandilla que da a la calle, y la paloma se puso ya en la punta del todo. Yo estaba un poco mosca, notaba algo raro y no sabía el qué, pero desde luego no le quitaba el ojo de encima a la puta paloma. En ese momento oí un ruido detrás mío y un batir de alas. Me había alejado del agujero y de las púas que acababa de colocar... me di la vuelta y no os creeréis lo que ví: una paloma que, aprovechando mi despiste, se había lanzado contra el agujero, embistiendo contra las púas que aún no se habían pegado (estaban pegadas pero la silicona no se había secado). Y no lo había hecho de cualquier forma: se meneaba la paloma con unas ganas que no veas, como si tuviese muy claro lo que quería hacer. Me giré justo a tiempo para ver cómo las despegaba del todo, las empujaba y cuando caían en la cornisa, se metía dentro del agujero.
Me sentí gilipollas por dos motivos:
1) Había picado. Es como cuando en el UT te hacen algún amago para que creas que alguien va a hacer algo, y tú picas y luego te pilla por la espalda y te funde, y tú piensas: "joder, pero si era de lógica que me haría esto!".
2) Quienes me habían liado eran... unas putas palomas!!!! unas palomas me habían tomado el pelo!!! la hostia!!!
Realmente me cuesta creer que esta maniobra la hicieran coordinadas. Me niego a creer que estos bichos sean capaces de elaborar estrategias tan concretas, pero es que la primera paloma realmente parecía querer distraerme, y la otra estaba muy decidida. Si fue casual todo junto, fue muy mala suerte. Pero yo me quedé a cuadros.
Eso sí, no me rendí y decidí que lo volvería a hacer y que esta vez no me movería del sitio. Aunque primero debía resolver otro problema: la paloma que había embestido contra los pinchos hasta desengancharlos se habia metido en el agujero y no había salido. No quería dejarla encerrada, así que esperé, pero nada: ni asomaba la cabeza. Al final enganché la cámara al palo, e hice unas fotos del interior del agujero. Misteriosamente, no aparecía en las fotos, al menos en lo que yo veía en la imagen. Al final supusé que, tal y como había pensado otras veces, estos agujeros tenían una salida por el otro lado del edificio, y posiblemente la paloma hubiera salido por allí. En cualquier caso, lo que no podía hacer era dejar aquello a medias, porque el borde superior del agujero había quedado bien pringado de restos de silicona, y si ahora no pegaba los pinchitos, se secaría formando una línea muy irregular y entonces si que ya no podría pegar nada allí. Sin embargo, por una serie de problemas técnicos, no conseguí volver a colocar los pinchos otra vez. Era muy difícil, yo estaba muy cansado y con las manos congeladas, así que opté por hacerlo de otro modo: en vez de pegar una tira de plástico de 4 pinchos, la corté en 4 parejas de púas sueltas y las coloqué de una en una. Es más trabajo, pero también más fácil porque me era más sencillo colarlas entre los otros pinchos y colocarlas. Tardé un rato pero lo hice en ambos agujeros.
Había empezado a eso de las 12 del mediodía y ya eran las 2 y pico. Tenía hambre, pero no podía irme a comer porque las palomas seguían intentando acercarse, era increíble. Querían quitar lo que acababa de poner, y estaban esperando un despiste mío. La putada es que, como digo, hacía mucho frío... y yo quería entrar en casa!!! Pero tuve que joderme... no pude entrar hasta casi las SEIS de la tarde!!! O sea, casi ocho horas PELÁNDOME DE FRÍO por los putos palomos de los cojones que no dejaban de dar vueltas y acercarse a ver si yo me despistaba. Sin comer y hecho un puto carámbano, así estaba yo. Tenía escarcha en los webos y los mocos congelados. Sólo pude irme cuando empezó a oscurecer y las palomas ya se fueron - no se adónde se van, pero a partir de cierta hora, las palomas ya desaparecen. Mientras estaba allí montando guardia, aproveché y puse también unas cuantas tiras de púas en la cornisa inferior, justo por delante del agujero, para joderlas más. Ya que iba a tener que estar igualmente en la terraza, al menos aprovechar el tiempo. Repito que más adelante ya os explicaré cómo lo hice para colocarlas, con fotos de las herramientas y todo eso. De momento, una foto de cómo quedó el agujero: cómo podréis ver, me *aseguré* de que no volviesen a entrar:
Bueno, quizá en la foto no se distinga bien, pero hay dos líneas de pinchos intercaladas por abajo y por arriba en el agujero, y luego más púas en la cornisa más baja, por delante del agujero.
Como digo, me quedé hasta que se fue el sol y luego entré y comí. Aunque se habían ido, tenía miedo de que volviesen las putas palomas y me destrozasen el trabajo. Por la noche, antes de irme a dormir, volví a salir a la terraza y, con la linterna en la mano, contemplé mi obra. Estaba intacta. No creo que a los vecinos ancianos de la casa de enfrente les extrañase que en plena noche yo saliera a la terraza con una linterna. Unos días antes, ya lo hice. Salí un día con la linterna para provocar destellos contra el agujero, a ver si a las putas palomas les daba un ataque epiléptico o algo. Bueno, sólo quería ver si reaccionaban, suponiendo que estuvieran dentro, pero no logré nada. Esta vez en cambio no lo hacía para que reaccionaran, si no para comprobar que todo seguía tal y como lo había dejado. Además, no hacía destellos como la otra vez, si no que iluminaba con normalidad.
Al día siguiente, al abrir los ojos, lo primero en lo que pensé fue en la terraza y las palomas. Tenía miedo: me habían ganado ya la partida tantas veces los putos bichos, que temía salir y encontrarme que lo habían arrancado, roto, doblado... yo que sé. Sin embargo, esta vez no fue así: me lo encontré todo en su sitio, aunque eso sí... lleno de plumas. Por lo visto habían estado intentando arrancarlo y las muy imbéciles se habían dejado un kilo de plumas sin lograrlo, porque para cuando ellas llegaron a primera hora de la mañana, la silicona ya estaba lo bastante seca como para que no pudieran desengancharla. ¡JODEOS PUTAS! ¡¡JODEOS!! Supe que esto había marcado un punto de inflexión. Yo iba a ganar esta guerra. Yo era Palomator, y nada me detendría, ni el frío, ni el hambre, ni el pegamento congelado, ni la astucia de las palomas.
Ahora ya sólo me faltaba asestarles el golpe final.
...continuará...
xddddddddd
animo!
xDD gg
juer q weno! esto es como una seria, te engancha, quieres saber lo q va a pasar en el proximo capitulo
Hoy me han jodido vivo con el tema trabajo (me han despertado con una urgencia y hasta ahora que aún sigo... estoy que ni me veo, amiguitos), pero cuando pueda seguiré...
xDDD Palomator 1 - Palomox 10
Aun te kedan unos cuantos asaltos
jjajaj qero mas
no has pensado en comprarte una pistola de bolillas?¿?, asi hasta te diviertes
en mi casa, han puesto una red que cubre TODO, no pueden entrar palomas al patio interior ni nada, ya no hay cagarrutas