Bien amiguitos, la verdad es que últimamente no estoy muy pendiente de la página y es posible que abra un paréntesis, en fin, que no esté muy presente por aquí una temporada, o que cada vez lo esté menos, aunque seguiré pasando por la página hasta que esto me vuelva a producir más interés. Por una parte, la verdad es que últimamente no juego a nada, y por otra parte, los aficionados al UT estamos esperando a que salga el UT3... y hasta que salga, la verdad es que las demás facciones y apartados no me interesan mucho. Espero que, cuando se publique, los "uteros" recuperemos algo de protagonismo.
Mi entrada anterior del blog es un poco rara, así que antes de reducir mi nivel de actividad en la web, prefiero escribir otra cosa un poco más "normal", en vista de que nadie escribe nada en los blogs. Esta vez, el tema elegido son los visualizadores de imágenes, o más bien mi experiencia con este tipo de software. Me ha dado por ahí porque recientemente he cambiado de programa para ver imágenes, y el cambio ha sido fenomenal, como enseguida contaré, pero vayamos por partes.






| ¿Por qué lo llaman INCIDENCIA cuando quieren decir AVERÍA? (Radiografía semántica de la mentira moderna) |
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Muchas veces me he preguntado por qué en MSN Messenger tradujeron "Add contact" como "Agregar un contacto". Es correcto, sí, pero pienso que habría sido más natural y algo más lógico utilizar "Añadir un contacto", porque aunque ambas opciones sean igual de válidas, considero que "agregar" pertenece a un registro algo más culto y que su uso es más restringido. Si buscamos en google, veremos que "añadir" aparece en 106 millones de páginas, mientras que "agregar" lo hace solo en 89 millones, cifra que aún siendo menor en 17 millones, refleja una difusión en el uso del término que sospecho que tenga bastante que ver con el bendito Messenger y su "agregación" de contactos.
Evidentemente, a mí me la trae al fresco cómo traduzcan "Add contact": de hecho, también se me ocurren argumentos a favor del uso de "agregar". Pero no es ésa la cuestión que quiero tratar. Lo que me llama la atención es cómo esa palabra se ha introducido en nuestro lenguaje cotidiano a partir del uso repetido en un determinado contexto. Otro ejemplo del mismo fenómeno lo encontramos en el verbo "nominar". También se trata de un término de uso más institucional o literario que común, y sin embargo se ha popularizado mucho gracias a programas como Operación Triunfo, Gran Hermano o similares, donde "nominan" a los candidatos a ser expulsados. Resulta curioso constatar que, a raíz de esto, el verbo ha adquirido un matiz peyorativo, cuando en realidad siempre se había usado en ceremonias de entrega de premios como los Oscar, por poner el ejemplo más clásico. De hecho, el diccionario de la Real Academia recoge explícitamente esta acepción (Presentar o proponer a alguien para un premio), pero el reiterado uso del término en estos programas no solo ha aumentado su presencia en el léxico cotidiano, sino que incluso ha modificado su sentido para algunas personas. En cualquier caso, al igual que en el caso de agregar, esto no deja de ser una simple curiosidad, un fenómeno carente de toda planificación y más anecdótico que perjudicial.
Esa palabra, por supuesto, no es otra que "incidencia", un hermoso polisílabo que, al igual que otros términos, ha sido rescatado (o más bien secuestrado) de otros ámbitos del lenguaje para ser sometido a un lavado de significado y posteriormente reinsertado como eufemismo. "¿Qué es un eufemismo?", se preguntarán los de ciencias. Bien, que no cunda el pánico porque no es una enfermedad. Un eufemismo, en términos simples, es una palabra que se usa en lugar de otra que puede resultar malsonante o grosera. Por ejemplo, antes que decir "ese moro sordo se rasca los cojones", diríamos "ese ciudadano magrebí con una discapacidad auditiva se fricciona las partes". Es cierto que el uso de eufemismos lleva el gen de la hipocresía en sí mismo, pero solo en estado latente. Sin embargo, cuando "incidencia" se utiliza para oscurecer la verdad más que para embellecerla, dicho gen se activa y el eufemismo se metamorfosea para devenir en cinismo, en burla y, por descontado, en tomadura de pelo. Porque, como digo, no se utiliza para que algo suene mejor o peor: se emplea para falsear y negar la realidad. Para mentir sin complejos.
Empezaré por mi lucha con Telefónica y Terra: ya he escrito sobre ello en otras ocasiones, así que no me repetiré. Solo diré que me pasó de todo, y en el mejor de los casos, lo más que conseguí fue que me dijeran que tenía una incidencia. Bueno, una no: un montón. ¿Que no puedes conectar el teléfono porque no te han puesto roseta? No es una cagada del técnico, es una incidencia. ¿Que luego te cortan la línea sin que se sepa por qué? Tampoco es un fallo de ellos: es otra incidencia caprichosa. ¿No te va el ADSL que pagas religiosamente cada mes? Seguramente pienses que se trata de una avería, pero nuevamente yerras: incidencia al canto. Incluso cuando reclamé al Ministerio de Industria para que Telefónica me devolviera lo que me había robado, intentaron escaquearse abriéndome una enésima incidencia, ¡cuando yo ya ni siquiera era cliente de Telefónica! En el caso de mis padres fue todavía más divertido: tras contratar el ADSL de Telefónica, la línea comenzó a fallar. ¿Subdesarrollo de las comunicaciones? En absoluto. Incidencia. Unos días después, la línea les dejó de funcionar. Nueva llamada al 1003+1 (desde otro teléfono, claro): la incidencia pasó a ser incidencia grave. Tras 4 días de incomunicación y sin que viniera ningún técnico, mi madre llamó hecha un basilisco a esta gente, y le dijeron (atención) que lo que tenían era una incidencia crítica.
Pero, ¿realmente Fecsa Endesa ha hablado de "incidencias"? Me alegro de que me haga esta pregunta, porque precisamente hace pocos días me encontré en el buzón una carta de esta gentuza. No me gusta nada encontrar sobres en el buzón: siempre son facturas o publicidad. Pero este sobre no tenía la consistencia ni el grosor característicos de las facturas. De inmediato me imaginé que sería una disculpa por el apagón, pero no pensaba que en el interior del sobre cupiese tanta desfachatez:
No voy a analizar toda la carta; me limitaré a señalar que califican este apagón histórico, de efectos devastadores en la economía de la ciudad y en la vida de sus habitantes, como un "incidente" y una "interrupción de suministro" (dicho así, hasta parece algo deseable). Por supuesto, lo que me encanta es lo de "incidente", que como hemos leído antes, se refiere a algo que interfiere con otras cosas, pero que no afecta esencialmente a nada. ¿Incidente? Señores de Fecsa, un incidente es una bombilla fundida. Un enchufe quemado. Incluso un corte de unos minutos. Eso es un incidente. Pero dejar a la ciudad entera sin semáforos, sin congeladores, sin ascensores y sin ordenadores no lo es. Eso es un JODIDO APAGÓN DEL QUINCE. ¡Eso es una JODIDA AVERÍA DE MIL PARES DE COJONES! Podría seguir hablando de Fecsa porque el tema tiene tela, pero quiero pasar al siguiente despropósito de los últimos días: RENFE. Resulta que, como de costumbre, caen cuatro gotas y ya la tenemos liada, de hecho hubo nuevos apagones. Los trenes de cercanías sufrieron averías, retrasos y todavía más problemas que de costumbre. ¿Cómo definir la situación? ¿Desastre? ¿Colapso? ¿Fallo generalizado? Claro que no. Incidencias en el servicio - así definieron los señores de Renfe lo que estaba pasando. Pero, durante esta nueva crisis de infraestructuras, la cosa fue un paso más allá y se produjo, al fin, la tan esperada puesta de largo del vocablo "incidencia" en los medios de comunicación. Entro en la web de La Vanguardia y leo lo siguiente:
Quiero hacer hincapié en que la importancia de esto radica en que no están citando las palabras de la compañía, o al menos no lo parece: utilizan el término porque quieren, motu propio. Consternado ante este envenenamiento informativo en negro sobre blanco, me dirijo a la cocina pensando que un nuevo peligro se cierne sobre nosotros si los periodistas montan su propia franquicia de "incidencias", cuando enciendo la tele y al mirar la pantalla veo lo siguiente:
Un escalofrío recorre mi cuerpo. Me siento como si, súbitamente, me hubieran metido en Matrix, o en la mítica película "La invasión de los ladrones de cuerpos". No sé, quizá ya antes los medios de comunicación se habían arrodillado ante los grandes, pero de pronto su sumisión informativa, su incorporación genuflexa al "club de la incidencia", se revela ante mí con claridad meridiana, y esto me inquieta y me preocupa. Estos casos todavía son excepcionales (de hecho, luego consulté otros medios y allí todavía se llamaba a las cosas por su nombre), pero me temo que sean síntomas de lo que está por venir. Y lo dice alguien que ya está acostumbrado a la falta de rigor y al analfabetismo de los "servicios desinformativos". Podríamos seguir con más ejemplos, pero no lo creo necesario. La idea está clara. Lo que no tengo tan claro es si esto ya no hay quien lo pare, si realmente solo es cuestión de tiempo que el término "incidencia" aumente su nivel de aceptación hasta ser de uso común en los medios de comunicación y, por ende, en la sociedad. De ser así, algún día no muy lejano los retrasos pasarían a ser incidencias horarias, los divorcios se llamarían incidencias matrimoniales y las quiebras serían incidentes contables. La muerte misma terminaría reducida a una simple incidencia de la salud. Y hasta la entrañable Bruja Avería se vería obligada a enmendar su partida bautismal, si es que la tiene, para cambiar su nombre por el de Bruja Incidencia. Me gustaría poder ser optimista y pensar que, pese al agilipollamiento colectivo en el que vivimos, todavía no somos tan idiotas. Creer que en este caso, y en otros, no podrán hacernos comulgar con ruedas de molino eternamente, por mucho que nos doren la píldora. Al ritmo que vamos, es posible que algún día no muy lejano la desvergüenza de los poderosos engorde hasta ser demasiado grande para esconderse detrás de unas palabras postizas, y tal vez entonces el tercermundismo ético y tecnológico en el que nos hallamos sumidos quede definitivamente a la vista de todos. Pero, ¿sabremos actuar al respecto cuando llegue ese momento, si es que llega? Yo no vendo incidencias ni compro mentiras, así que confesaré la verdad: no lo creo. En absoluto. Explicar el por qué ya sería otro tema sobre el que no tengo ganas de escribir. Me limitaré a decir, como moraleja final, que tenemos incidencias para rato, y luego más. Agréguenlas, nomínenlas o, por lo menos, disfrútenlas. |
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- ¿Fecsa?
- Se equivoca.
- No cuela, ya es la quinta vez que llamo y esta vez he marcado muy poco a poco. Este es el teléfono correcto.
- Vale, nos has pillado. Momento que ahora se pone el señor Fecsa.
(...)
- Hola aquí Fecsa, ¿quién eres?
- Buenas noches, mire soy un abonado y haga el favor de hablarme de usted.
- ¿Abonado como las plantas?
- No, abonado de que pago para tener luz.
- Ah, eso está muy bien. Dios dijo: hágase la luz. Y se ve que se hizo, ¿sabe?
- Pero yo creía que la luz la hacían ustedes...
- Bueno, no es tan simple como parece. Pero, dígame, buen hombre, ¿qué quería usted?
- Ah, sí, mire, es que yo soy de Barcelona y...
- Oh, Barcelona, ¡ciudad solidaria, plural e integradora! ¡Crisol de culturas, cuna de civilizaciones! Urbe libertaria, paraíso del progreso...
- Sí sí, lo que usted quiera, pero es que estamos a oscuras. Vamos, que tenemos menos luces que un barco pirata, pero en sentido literal.
- Hombre, es que no se puede tener todo. Ustedes los de Barcelona son bastante exigentes, ¿eh? Un público difícil para las compañías eléctricas.
- Pero es que yo no quiero ser un crisol de culturas ni nada de eso, yo quiero tener luz, nada más.
- ¿Y usted cree que con tan poca ambición hará algo en la vida?
- Si me dejan a oscuras, seguro que no hago nada.
- A ver, ¿usted está a oscuras en castellano o en catalán?
- ¿Qué quiere decir?
- Usted dice que está a oscuras, ¿no?
- En realidad no estoy seguro. Como que no hay luz, no veo si hay oscuridad.
- Bueno, pero esa oscuridad, ¿es "oscuridad" en castellano, o "foscor" en catalán? Y si es en castellano, ¿es en castellano, o más bien en español? ¿Cree que podríamos estar hablando de un apagón latino?
- Oiga, que me pone usted en un compromiso. Me podría estar oyendo el vecino.
- Señor, no puedo ayudarle si no me responde a esa pregunta.
- De acuerdo. Me parece que estoy a oscuras pero en catalán. Mire, me voy a dejar de rodeos: aquí en mi casa, de toda la vida, nos quedamos a oscuras en catalán. Pero no es algo premeditado, no nos lo tengan en cuenta. Es que se va la luz, y se nos va siempre en catalán, no falla.
- Muy bien, en ese caso no parece tan grave. Lo más seguro es que mañana ya tenga luz.
- ¿Cómo que mañana? Oiga, ¡que ya llevo todo el día sin luz!
- ¿Ah sí? Vaya, qué mala suerte. Lo siento mucho.
- No quiero que lo sienta, quiero que me devuelvan la luz.
- ¿Y qué quiere que le haga yo? ¿Acaso llama usted al sol para pedirle que no se ponga por la noche?
- Lo haría si tuviera su teléfono. Pero al sol no le pago, y además el sol creo que habla en inglés.
- Ay, hombre de Dios, que cabezota... pero qué cabezota. Venga a ver dígame donde vive, que me ha caído bien. Igual puedo hacer algo por usted.
- Vivo en la calle Martingala 89.
- Mmmh... pues vamos a tener un problema.
- ¿Un problema por qué?
- Mire, si me dijera que vive en el 88 o en el 90, ahora mismo le daba la luz con un interruptor rojo que tengo aquí. ¿Me entiende lo que le digo? Ahora mismo se la daría. Pero es que el 89, el 89... Ay, el 89...
- ¿Qué le pasa al 89?
- ¿Que qué le pasa al 89?
- Sí, ¿qué le pasa al 89?
- Bueno, al 89 le pasan muchas cosas, y ninguna buena. No me tire usted de la lengua, no me tire usted de la lengua, que se está buscando la ruina.
- Claro que le tiro, ¿qué pasa por vivir en un número 89?
- Pasa que los que viven en un número 89 suelen tener televisor, aire acondicionado, maquinilla de afeitar...
- Sí yo tengo de eso, ¿y qué?
- ¿Cómo que "y qué"? ¿Le dicen algo las palabras "cambio climático" y "calentamiento global"? Usted está jodiendo el planeta de mis hijos. Se merece estar a oscuras. Es más, si tuviera luz, yo mismo iría a cortársela.
- Oiga, ¿usted me está tomando el pelo?
- ¿Le parece que yo, el señor Fecsa, le tomo el pelo a la gente?
- Pues sí, porque mucha opa y mucho mangoneo, y luego resulta que no puedo ni encender una bombilla, y toda la carne y pescado de la nevera los tendré que tirar.
- Ah claro, usted se hincha a comer y a comprar comida como si viniera una guerra, y luego la culpa es nuestra. Con el hambre que hay en el mundo.
- Ya me estás tocando lo que no suena. Yo meto en mi nevera lo que me da la gana.
- Claro que sí, pero no lo congelarás con mi electricidad, ¡jodeplanetas!
- Mira, porque no tengo ni un triste vatio, que si no, te daba una descarga en los premolares.
- Está bien, ya que le veo muy alterado, acabo de dar orden para que le envíen a su calle...
- ¿Un grupo electrógeno? ¿Un generador? ¿Una dinamo con monos pedaleando?
- No, una cabalgata de carnaval con el gran Carlinhos Brown.
- Bueno, algo es algo. Quizá no son ustedes tan malos.
- Ya ve usted. Si es que nos tienen manía. Y en la tele, ni le digo. Todo el día con el apagón esto, el apagón lo otro...
- Jo, si es que ahora hasta me sabe mal de haber llamado. Y total, porque no tengo luz. Qué tontería. Si va a tener usted razón, que llamo por vicio.
- Nada hombre, nada. Usted disfrute de Carlinhos Brown.
- De acuerdo. Bueno pues hasta la próxima.
- Hasta la próxima. Disfrute de su apagón, caballero.
- Bona nit.
- Bona nit. Gracias por llamar a Fecsa.
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Comentario posterior: Sí, esto es absolutamente absurdo. Pero pretende ser tan absurdo como que en el 2007 cientos de miles de personas se queden sin luz durante un día (y ahora dicen que unos 30.000 pasarán una segunda noche sin luz), y al llamar a la compañía ni te respondan, y al visitar a su web ni siquiera haya información. Bueno, perdón, sí que la hay: "23 de julio: Endesa France recibe el permiso para la construcción de una central de ciclo combinado de 420 MW en Lucy (Francia)."
http://www.lavanguardia.es/lv24h/20070723/53379338434.html
http://www.lavanguardia.es/lv24h/20070723/53379382646.html
http://www.lavanguardia.es/lv24h/20070724/53379474955.html
Delirante. Es el mejor adjetivo que se me ocurre para este pastiche titulado "La diferencia sexual en el análisis de los videojuegos". Se trata de una "investigación" encargada y financiada hace unos 3 años por el Ministerio de Educación y Ciencia y el Instituto de la Mujer, que podéis descargar desde este enlace de la web del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales.
Después de echarle un vistazo y troncharse, las carcajadas se apagan lentamente, recuperamos el aliento, nos secamos las lágrimas y entonces surge una segunda valoración: indignante. Que con dinero público, con el dinero que todos pagamos y que tanto nos cuesta ganar, por lo menos a mí, se financien semejantes patochadas reaccionarias, es de vergüenza como mínimo. Desde luego, con el dinero público se hacen infinitas idioteces, pero hay algunas como ésta que realmente se llevan la palma. Quizá visto desde fuera pueda parecer que el texto tiene alguna seriedad. De hecho, el director de la investigación es profesor de Universidad y tiene un montón de títulos, y seguro que el currículum del resto de perpetradores y perpetradoras de esta sopa de letras es igual de magnífico. Sin embargo, basta con acercar un poco la mirada para olerse el pastel; el mismo título, sin ir más lejos, está mal escrito. Comprendo que Dios nos hizo distintos y que no todos podemos ser Cervantes, pero es que "La diferencia sexual en el análisis de los videojuegos" es una frase que, además de resultar una malformación gramatical, no tiene ningún sentido y si lo tuviera, no sería el que ellos pretendían darle a su propaganda ultraconservadora. Posiblemente lo que querían decir, pero no supieron, era algo así como "Análisis de la discriminación sexual en los videojuegos". En realidad sería más correcto aún "por razón de sexo", pero no vale la pena esforzarse más. Ser incapaces de ponerle un título correcto a su magna obra de 468 páginas de embustes no es ni de lejos lo más escandaloso de este sucio legajo en formato PDF. Lo triste es que ni siquiera es obra de un auténtico talibán antivideojuegos: es un trabajo por encargo, de esos en los que ya te dicen lo que tiene que salir. A veces se hacen encuestas, investigaciones o análisis para averiguar algo, pero otras veces solo se realizan para obtener datos con los que respaldar determinadas teorías. Por cínico que suene, es una práctica común, y éste es uno de esos casos. "¿Cómo dice? ¿Que le haga una investigación, y que ha de salir que los videojuegos son una peste, una fuente de discriminación sexista y una plaga violenta e infecta? Ningún problema: a peseta el kilo, oiga. Pase mañana que se lo tendré preparado." Y a vivir que son dos días.
Este cúmulo de despropósitos en negro sobre blanco básicamente viene intentar demostrar que los videojuegos son de lo peor que le ha pasado a la humanidad desde que el mundo es mundo, y particularmente se ceba en la discriminación sexual y violencia machista que, supuestamente, han creado y fomentado los juegos para PC y consolas. Apenas hay una sola frase coherente, y cuando aparece algún dato real, es siempre para dar una falsa apariencia de rigor al "estudio". Para entender este punto de vista, lo mejor es ver algunas de las perlas del estudio, que me permito comentar brevemente: "Los buenos de los videojuegos siempre son norteamericanos, pero nunca un gitano". "Las revistas de videojuegos no fomentan de ninguna manera el uso de videojuegos como herramienta fundamental para la educación en valores". "Se fomentan las violaciones de derechos humanos con el argumento de que los videojuegos quedan en el ámbito de la ficción". "Ciertamente es escandaloso el rol que desempeña aquí la mujer: tontear (...) A la mujer se la ve como frívola (el verbo tontear supone que hace algo tonto)". "El problema es que los hombres han construido su mundo a través de la guerra y la violencia". "El videojuego se coloca del lado de los walkman, de las discotecas, de las diferentes sensaciones que provocan los alucinógenos". Podría seguir durante horas, pues prácticamente es abrir el PDF por cualquier página, y te encuentras una salvajada. La cuestión es que se repiten constante y machaconamente estas 3 "técnicas de análisis":
Resulta que gran parte del texto se dedica a analizar un por uno los juegos que considera más representativos, realizando una crítica siempre destructiva y muy exagerada de cada uno de ellos, para lo cual se vale de argumentos a cual más peregrino. La cosa no tiene desperdicio, pero me he limitado a hacer una selección de algunos de los juegos que mejor conocéis los gamersmafieros. En granate está el texto original, y debajo en negro, mis comentarios (lo siento, ¡no he podido contenerme!).
Señores y señoras, ¡¡redoble de tambores que llegamos a nuestro querido Unreal Tournament!!
"No se trata de caer en la tentación fácil de demonizar los juegos". Vaya, pues sí que era fácil, sí. Por que habéis caído, y hasta habéis atravesado el fondo...
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El cóctel maldito: Una historia absurda narrada en modo exprés
Hará cosa de un mes, más o menos, que han pasado 30 días. Pero el momento que me interesa no tuvo lugar de día, si no de noche, cuando el sol se oculta y los biorritmos de la mala gente como yo se activan. Seguramente me habría pasado el día sintiéndome como un miserable condenado al infierno o alguna chorrada por el estilo, pero ahora, al amparo de la oscuridad, me apetecía pegarme la gran juerga. Sí, diversión por todo lo alto, sin límites. Comprenderéis que mi vida es bastante triste cuando os diga que la "diversión" elegida fue ver la película Casino Royale, que tenía descargada desde hacía tiempo (la descargo para tener copia de seguridad por si algún día la compro, por supuesto).
La peli la tuve que descargar dos veces; la primera vez, descargué una versión en castellano con una calidad más lamentable que mi cara por las mañanas, cuando me despierta la luz que entra por una gran ventana sin persiana. El tema de la ventana sin persiana daría para otra historia, pero mejor será que no me entretenga ahora en ella. Como digo, esta versión tenía una calidad nefasta. Era un screener warrete que parecía grabado con un móvil desde la última fila. Sí, era lo que en términos científicos se denomina "una puta mierda". Así que al final me descargué una en versión original con subtítulos en inglés: ésta sí que tenía una calidad aceptable para mis estándares.

Qué estilazo tienes, James
Así que, como digo, me puse a ver la película (en la tele, no en el PC, claro) tras asegurarme de que no me había dejado ninguna lata de Coca cola Zero en el congelador. La película no es que sea gran cosa, y sin entrar en detalles, diré que la tía más buena de la película palma en un periquete, y en cambio otra tipa menos apetitosa sobrevive para atormentarnos durante casi toda la película. Haría más comentarios pero no quiero destriparle la película a nadie, aunque no es que las películas de James Bond tengan mucha intriga. Bueno pues eso, que me puse a ver la peli y a disfrutar de lo puto amo que es James Bond. La trepidante acción de la película me tenía jadeando como un perro, así que se me secó la garganta y decidí que había llegado el momento de llevar mi increíble desfase un paso más allá: me serviría una bebida alcohólica. Sí, prepararía unos de mis legendarios cóctels.
La historia de mis legendarios cóctels es en realidad poco legendaria y bastante breve, pero existe. Durante los últimos meses, he tenido que indagar por Internet y recorrer diversos supermercados y secciones de licores para hacer acopio de determinados ingredientes con los que luego he experimentado cual doctor Mengele del alcohol, hasta dar con las proporciones perfectas para cada cosa. Para esta ocasión, decidí que lo más apropiado sería una especie de piña colada. Prefiero hacerla con crema de coco, pero no siempre tengo, así que recurrí a la clásica mezcla de Mangaroca "batida de coco" con ron blanco y zumo de piña. Hace tiempo, me servía estas cosas en copas de cristal, pero estoy hasta los cojones de tener que limpiarlas luego a conciencia (si las lavo de cualquier forma, quedan unos repugnantes churretes). Así que, aunque pierda glamour, actualmente utilizo las mismas tazas que para el desayuno. Al principio sentía el impulso de echar cereales en mis brebajes nocturnos, pero a estas alturas ya me he acostumbrado, y en vez de cereales, echo cubitos de hielo.

El famoso Mangaroca
En fin, con la bebidita debidamente preparada, regresé al sofá y le di al play para seguir viendo la peli. Mientras James Bond ligaba a piñón y hacía lo que le salía del higo en el casino, yo empezaba a sorber mi exquisita bebida. Sí, amigos, estaba prácticamente en el paraíso. Saboreé aquel dulce néctar lentamente... aaaah... qué delicioso sabor a... a... ¿matarratas? ¿A qué coño sabe esto? Ni idea, pero aquello no sabía como yo esperaba. No tenía sentido que supiera a rayos, así que pensé que todo era una especie de alucinación olfativo-gustativa. Aunque me ha pasado pocas veces, no sería la primera vez que las cosas me saben raro. Las cosas de comer. Los alimentos, vaya. Pero hace muchísimo que no me pasa eso.
Seguí viendo como James Bond triunfaba y daba sopas con onda, y de nuevo llevé la taza hasta mis labios creyendo que mis papilas gustativas experimentarían un auténtico arrebato de sabor. Y sí, sufrí un arrebato de sabor, pero no fue el sabor que yo esperaba. Traté de huir hacia adelante y, sin pensarlo, di un trago más largo para quitarme el gusto del anterior: evidentemente, fue mala idea: mi boca se lleno de sabor a insecticida. Aquello no era el manjar líquido que yo esperaba. De todos modos seguí bebiendo poco a poco, con asco, pensando que solo eran manías mías, hasta que ya no pude más. Además, si por algún motivo aquello realmente era matarratas, no iba a vivir para ver terminar la película. Y eso sí que no.
Tras dudar, acabé levantándome y tirando mi pseudo-piña colada por el desagüe de la cocina. Supongo que acabé cogiendo una cerveza o algo así, no lo recuerdo. En cuanto a la película, acabó resultando más larga que un día sin pan, y como ya he dicho me jodió que la que estaba más buena apenas se dejase ver, pero bueno, así es el cine y la vida en general.


Cóctel auténtico vs. Mi taza del Ikea
Entre tres semanas y 21 días después (más o menos) se repitió algo similar. Me puse a ver un episodio de algo, quizá House, no estoy seguro, y de nuevo sentí la necesidad de celebrarme a mí mismo. Una gran ocasión para repetir el cóctel maldito y comprobar si otra vez me sabía a veneno con aceite de ricino. Estaba convencido de que no, que lo del otro día había sido por cualquier circunstancia extraña. De hecho, había desarrollado una teoría: resulta que a menudo sorprendo a artrópodos, dípteros y arácnidos merodeando por la cocina. En tales ocasiones, suelo rociarlos con uno de mis dos insecticidas (o, en caso de duda, con ambos a la vez), y muchas veces acabo rociando indirectamente mis platos y tazas, que residen permanentemente en el escurridor, incluso cuando ya están escurridos, sí. Total, que pensé que quizá había rociado la taza con insecticida, y que por eso me supo mal la bebida aquel día. Por eso, en esta otra ocasión, lavé bien la taza antes de nada. Por si acaso.
Sin embargo, tras preparar la mezcla mágica y volver al sofá, ocurrió lo mismo: bebí de mi taza de desayuno y de inmediato sentí una repugnancia extrema. Aquello no sabía a matarratas: sabía a matarratas envenenado y mezclado con gasolina. Podía notar el sabor de los licores y de la piña, pero por algún motivo había otro sabor muy raro que lo hacía casi imbebible. Al igual que la otra vez, me emperré en que aquello no podía ser, y seguí bebiendo. Si la otra vez sobreviví, ahora no sería distinto. Pero muy poco rato después, me di cuenta de que aquello era repulsivo, y de nuevo acabé tirándolo por el desagüe del fregadero. Llegados a este punto, tuve claro que tenía ante mí EL ENIGMA DEL CÓCTEL ASQUEROSO. Un enigma que tendría que desentrañar de un modo u otro. Lo más fácil era probar los tres ingredientes básicos por separado.
El primero en ser sometido a examen fue el Mangaroca. Se puede tomar solo perfectamente, así que me acabé lo que quedaba durante la semana siguiente. Tenía el mismo sabor dulzón y agradable de siempre, así que su culpabilidad quedó descartada. Sin embargo, fue por estas fechas que me dio por otro tipo de bebidas como el licor de turrón, y acabé olvidándome del tema del coctel maldito. O quizá lo hice precisamente para olvidarme de que tenía pendiente dar con la clave de aquel misterio.
Hasta que recientemente compré otra botella de Mangaroca, y en previsión de que me pasase lo mismo, me dije: tengo que seguir probando el ron blanco y el zumo de piña para asegurarme de que estén bien. Así que anteayer cogí el ron blanco y me serví un poco. El ron blanco a palo seco es bastante fuerte y a mí no me gusta nada. Era muy difícil que me supiera bien. Pero no me dio la sensación de que fuera más asqueroso que de costumbre. Dudé un poco, sí, pero finalmente lo declaré inocente de los cargos de intoxicación etílica. Solo me quedaba, por tanto, el zumo de piña. La verdad es que no sospechaba de él, pero tendría que probarlo.
Como soy bastante vago, por si no se ha notado todavía, dejé hasta hoy lo de probar el zumo de piña. Concretamente ha sido hace un rato. Ignoraba la extraña experiencia que me esperaba. Resulta que saco el brik del zumo de la nevera, lo abro... y nada más quitarle el tapón, empieza a salir humo del envase. ¿¿?? ¿Humo? Pero si lo he sacado de la nevera. Toco el cartón del envase, y evidentemente está frío. Aprieto con la mano, y entonces sale todavía más humo, ¡¡¡y me doy cuenta de que es humo de color verde!!! Estrujo y estrujo el envase, y no para de salir humo verdoso. ¿Estará el puto goblin, el supervillano enemigo de Spiderman, dentro del cartón, dándose el lote con el increíble Hulk? Me detengo y repaso las sustancias que he consumido durante las 3 horas anteriores: bocadillo de atún con mayonesa, café con leche, unas galletas con canela, una especie de Red Bull marca del súper, una cerveza y una bolsita de pistachos. Es cierto que esa mezcla no debe hacer ronronear de placer a mi estómago, pero tampoco me parece suficiente para provocar alucinaciones.

El malvado y verdoso Goblin
Mientras observo el humo, noto un olor extraño, ácido, químico, asqueroso... ¡Coño, es muy parecido al sabor que notaba yo en mis malogrados cócteles! Entonces me fijo que no es realmente humo: parecen minúsculas partículas en suspensión. Como un polvo increiblemente fino, vamos... Pero eso tampoco tiene sentido: ¿cómo sale polvo de un envase que contiene líquido? Observo el tapón que acabo de quitar, y veo lo que me temía: unos extraños restos de lo que parece un musgo alienígena. Vale, no será alienígena. Pero es una cosa verde y asquerosa. Es como Luis Aragonés, pero en verde. O como el Gigante Verde de los espárragos, pero en asqueroso. De inmediato vacío el contenido del brik en el fregadero. Primero sale lo que parece ser zumo normal, pero luego grumos de una sustancia verde y pastosa empiezan a salir mezclados con el zumo hasta que no sale nada, pero se nota que queda algo, porque hay un peso dentro del envase. Es poco, pero se nota. Lo agito, y en efecto noto que alguna especie de plasta semisólida se ha formado dentro. Qué asco. Por un momento me siento tentado de coger unas tijeras y abrirlo, pero no he tenido estómago en ese momento. De hecho, en cuanto ha empezado a salir ese polvo, ha empezado a oler mal y a ponérseme una especie de gusto ácido en la garganta. Estaba deseando salir de la cocina. ¡Y pensar que me he bebido eso en dos ocasiones! Millones de esporas del puto hongo o lo que sea habrán llegado hasta mi sistema respiratorio y habrán empezado a florecer como las plantas en primavera. Peor que el puto anthrax, seguro. He cerrado el envase con el tapón y lo he tirado a la basura.
Se supone que este zumo no caducaba hasta el 2008. Parece que he caído en el truco más viejo del mundo, el de la fecha de caducidad postiza. Yo he guardado el zumo en la nevera desde que lo abrí, así que no creo que sea lógico que haya crecido una especie de reserva natural de champiñones semilíquidos en su interior. La lección que todos debéis de extraer de esta historia es que nada de lo que va en la nevera es inofensivo, como ya quedó claro en mi historia de la Coca Cola Zero.
Realmente no quería saber lo que contenía el maldito brik de zumo de piña, pero he pensado que ésta era mi oportunidad de oro para grabar un nuevo testimonio gráfico. No quiero encasillarme en la quema de parásitos. Ahora mismo voy a grabar cómo destripo el tetra brik y descubro qué clase de sustancia se esconde en su interior.
--------------------------- (un rato después...) ---------------------------
Ya he vuelto de grabar y subir el vídeo al youtube. De aquí a los Óscars hay un paso. Bueno, al final he quitado el audio del vídeo no por hacer homenaje al cine mudo sino porque he tenido un pequeño percance respiratorio: desde que he abierto el envase en el vídeo, ha empezado a oler muy raro y no he hecho más que toser y resoplar, así que he dejado de narrar para no tragar tanta peste. Tampoco tenía mucho que decir, pero quería ir comentando la jugada. El enfoque tampoco ha quedado bien del todo porque estaba preocupado por si la especie de "nube tóxica" me manchaba la lente de la cámara. En resumen, un fracaso. Pero, pese a los fallos, las imágenes son autoexplicativas y creo que el documento tiene bastante valor. Que sepáis que me ha quedado una especie de acidez en la garganta por grabarlo - he tenido al final que meterlo en una bolsa para que el olor no acabe conmigo. Si mañana despierto con los pulmones hechos un puro hongo, será por querer satisfacer a los usuarios de gamersmafia. Allá va el vídeo...
PD. Por cuestiones de tiempo, no he podido refinar esta historia tanto como querría, pero sé que sabréis perdonarme. Gracias, hijos de la droga.
Ilustres amigos,
Hoy mi pequeña farsa conocida como "blog" se viste de gala para presentar, al fin, mi obra maestra, o al menos una de ellas. Pero antes hay que recapitular y explicar de dónde viene todo esto.
Corría el año 2004 cuando, por una serie de circunstancias, empecé a librar duelos titánicos contra las malvadas palomas. Fruto de estos enfrentamientos nacieron diversas entradas de este pseudoblog: "Currucucú paloma", "Nace un nuevo héroe: Palomator", "Duelo de titanes", "Palomator: The final fight", "Palomos revenge: The parasite invasion", "Mardito parázito" "Los palomos no se rinden", "Apatrullando la terrasa", "Muerte de dos parásitos" y, ya más recientemente, algunas narraciones algo más amplias derivadas de estos mismos hechos (Guerra al parásito I y Guerra al parásito II).
Pero la cuestión es que aquellas primeras narraciones, casi espontáneas, tuvieron una buena acogida por parte de esta comunidad internetera, y a su vez me permitieron percibir mejor el carácter absolutamente épico y heroico de mi lucha. Fue así, animado por muchos de vosotros, que me decidí a dar detallada cuenta de todas mis aventuras con las palomas... hasta completar el relato.
Desde que puse la primera letra en negro sobre blanco, he esperado este momento, el momento de, finalmente, compartir la historia completa con todos los que me apoyaron en GM en esos momentos de penuria con las aves cagonas. Muchas veces he anunciado que publicaría la historia, y he tardado tanto, que la gente ya debe de pensarse que era todo cuento chino. No es eso: es que mis numerosas obligaciones profesionales me han impedido dedicarle a esto el tiempo que habría querido.
Pero ahora al fin está al alcance de todos los que quieran echarle un vistazo o incluso leerla. No puedo publicarla en una entrada de blog pues sería exageradamente larga, de modo que podéis encontrarla, al menos de momento, en la siguiente dirección (puede que sea provisional o no, pero bueno ahí está):
Ilustres amigos,
Hoy mi pequeña farsa conocida como "blog" se viste de gala para presentar, al fin, mi obra maestra, o al menos una de ellas. Pero antes hay que recapitular y explicar de dónde viene todo esto.
Corría el año 2004 cuando, por una serie de circunstancias, empecé a librar duelos titánicos contra las malvadas palomas. Fruto de estos enfrentamientos nacieron diversas entradas de este pseudoblog: "Currucucú paloma", "Nace un nuevo héroe: Palomator", "Duelo de titanes", "Palomator: The final fight", "Palomos revenge: The parasite invasion", "Mardito parázito" "Los palomos no se rinden", "Apatrullando la terrasa", "Muerte de dos parásitos" y, ya más recientemente, algunas narraciones algo más amplias derivadas de estos mismos hechos (Guerra al parásito I y Guerra al parásito II).
Pero la cuestión es que aquellas primeras narraciones, casi espontáneas, tuvieron una buena acogida por parte de esta comunidad internetera, y a su vez me permitieron percibir mejor el carácter absolutamente épico y heroico de mi lucha. Fue así, animado por muchos de vosotros, que me decidí a dar detallada cuenta de todas mis aventuras con las palomas... hasta completar el relato.
Desde que puse la primera letra en negro sobre blanco, he esperado este momento, el momento de, finalmente, compartir la historia completa con todos los que me apoyaron en GM en esos momentos de penuria con las aves cagonas. Muchas veces he anunciado que publicaría la historia, y he tardado tanto, que la gente ya debe de pensarse que era todo cuento chino. No es eso: es que mis numerosas obligaciones profesionales me han impedido dedicarle a esto el tiempo que habría querido.
Pero ahora al fin está al alcance de todos los que quieran echarle un vistazo o incluso leerla. No puedo publicarla en una entrada de blog pues sería exageradamente larga, de modo que podéis encontrarla, al menos de momento, en la siguiente dirección (puede que sea provisional o no, pero bueno ahí está):
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Sin embargo, hubo una época en la que yo fui uno de esos pobres ingenuos condenados a poseer sistemas infra-óptimos. Sí, amigos. No solo no tenía ni pajolera idea: es que no tenía intención de aprender sobre estos temas más que lo imprescindible. Sin embargo, he acabado teniendo que aprender de todo para valerme por mí mismo después de comprobar que los personajes que uno se encuentra en las tiendas de informática son, por norma, auténticos gañanes, cuando no directamente unos indeseables del copón. Puedo dar fe de ello, pues como digo tengo un amplio pasado como pardillo. Hoy en día ya no me hablo con el personal de las tiendas; como mucho hablo con la cajera, y solo si no hay más remedio. Y puedo asegurar que las cosas me van mucho mejor que antes. La primera cuestión que se nos plantea es si la gente que trabaja en este tipo de comercios realmente no sabe, o no quiere saber. En otras palabras: ¿es un problema de aptitud (con P) o de actitud (con C)? Pienso que en la mayoría de casos existe un problema de aptitud, y no es extraño: no es fácil estar al día en estos asuntos, pues la tecnología cada vez tiene más variantes y evoluciona rápido. Pero lo que resulta absolutamente determinante es la actitud, la forma de enfrentarse al problema, de hacer el trabajo y de tratar al cliente. En otras palabras, lo que pasa es que al vendedor medio, tu bienestar tecnológico se la suda, literalmente. Lo único que quiere es que compres lo que sea y te largues. Incluso que te largues sin comprar. Lo que quieren, hablando claro, es que no les jodas, porque tu simple presencia en la tienda les jode, les jode profundamente. Hay excepciones, y me atrevería a decir que la tendencia ha sido a mejor, pero por desgracia el prototipo básico sigue siendo éste: una persona que se debate entre la ignorancia (no sabe lo que vende) y la indiferencia (no le importa lo que vende). A ver cómo harían los de Hollywood una película con final feliz con un punto de partida como éste. Imposible, claro. A continuación realizaré una descripción de los diversos tipos de vendedor. Esta descripción fue realizada hace unos años, y ahora la he recuperado para este artículo, pues pienso que sigue plenamente vigente, aunque he retocado ligeramente algunas partes. 1) El vendedor cabizbajo
2) El técnico psicópata
3) La post-teenager pseudo-cachonda
4) El técnico de la NASA
5) El pasota
Podría continuar con 4 o 5 prototipos más (el técnico hijo de puta, el espabilao, el dueño payaso...), pero lo dejaré aquí. Luego ya entraríamos en tipologías un poco más particulares, menos representativas de la realidad, si bien es cierto que, en los casos anteriores, tampoco se trata de definiciones precisas: en la vida real, es muy frecuente encontrarse con personajes que combinan características de dos o hasta tres prototipos. Doy pues por terminado este breve análisis en el que solo he intentado dar un par de pinceladas de la monstruosa realidad de los comercios informáticos. Bien pensado, quizá sí que vale la pena ser un puto friki de mierda. (Esto termina aquí, sí). |
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LA ITV ARRUINÓ MI VIDA |
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De acuerdo, no es cierto. No arruinó mi vida. Pero la mal llamada "Inspección Técnica de Vehículos" no es sino uno de los muchos motivos para no tener coche: más bien debería llamarse "Humillación Técnica de Vehículos". En efecto, lejos de ser un simple trámite administrativo, encaminado como todos ellos a sonsacarnos impúnemente la pasta, la ITV se convierte en una ceremonia de humillación y amenazas de la que rara vez se sale bien parado. Tan enraízadas están estas siglas en el insconciente colectivo, que incluso quienes no están motorizados las conocen bastante bien, aunque albergan numerosas dudas al respecto. ¿Cada cuánto se pasa? ¿Puedes elegir dónde pasarla? ¿Cuánto cuesta? ¿Que ocurre si el coche no la pasa? ¿Por qué Dios creó algo tan horrible si su corazón está lleno de amor?
Este año ya iba preparado. De hecho, aunque he vuelto a pasarme de la fecha límite, lo tuve controlado en todo momento. Si me he retrasado ha sido simplemente como muestra de rebeldía, para demostrarles que ellos no controlan mi vida. Sí, pasaré vuestra maldita ITV, pero lo haré cuando yo quiera. Hace dos años, en cambio, se me pasó un mes por puro despiste. Resulta que estaba yo en un parking observando la zona de estacionamiento en batería para coches pequeños. Es una zona donde siempre aparcan coches grandes, por cierto. Bueno, pues observando las rayas del suelo que delimitan cada plaza, me preguntaba cual sería la mejor descomposición en polígonos si fuera necesario calcular sus superficies. Y entonces, no sé por qué, me fijé en el parabrisas de uno de los coches. Llevaba la clásica pegatina de la ITV, y por el año y el mes marcados, la tenía a punto de caducar. Esto no tenía ninguna gracia, pero me reí para mis adentros. Aquel pobre desgraciado estaba al borde de la ilegalidad. Qué vergüenza. "Es el tipo de cosa que a mí nunca pasaría", pensé yo. En ese momento me di cuenta de algo: no tenía ni puñetera idea de cuando me caducaba a mí la ITV. Pero ni flores, vamos. Regresé al lugar donde había aparcado mi coche para fijarme en mi pegatina, y descubrí con gran pavor que ya tenía que haberla pasado, aunque apenas llevaba un mes de retraso. Todavía tuve suerte, porque teniendo en cuenta que se me había olvidado por completo, lo mismo podía haberme dado cuenta cuando llevase varios años caducada.
Pero me había creído demasiado afortunado si pensaba que alguien me iba a prestar tanta atención, aunque fuera para insultarme. Estoy ahí, con los papeles en la mano, y el tipo de la ventanilla ni siquiera me mira a la cara. Espero mientras él mira hacia otro lado para conversar con una compañer |